La huella ecológica mide el impacto que la actividad humana tiene sobre nuestro planeta en términos de superficie productiva. Sería algo así como el “huerto” que necesitaríamos para producir los recursos que consumimos y para absorber los residuos que generamos. Esta superficie incluiría las tierras agropecuarias y de pasto, los bosques, las zonas pesqueras, el terreno necesario para absorber los desechos y el espacio que ocuparían nuestras infraestructuras.

• Este indicador de sostenibilidad ambiental no tiene en cuenta otros factores, como el nivel de desarrollo humano (acceso a la educación y a la sanidad, democratización y reparto de los recursos), pero que nos da una imagen clara del impacto de nuestra forma de vida.

2,2 hectáreas por persona fue la huella ecológica global en el año 2003 (el último con estudios a nivel mundial), según el informe Planeta Vivo 2006 de WWF/Adena. Sin embargo, la oferta de área productiva de la Tierra es de 1,8 hectáreas por persona (un campo de fútbol mide una). Es decir, a cada uno nos correspondería un “huerto” de 1,8 hectáreas para producir lo que consumimos y absorber nuestros desechos, pero vivimos como si ese huerto tuviese 2,2 hectáreas.

• Actuamos por encima de nuestras posibilidades. El momento a partir del cual la cantidad de recursos que consumimos comenzó a ser mayor que la oferta de la Tierra se produjo en los años 80. Hasta entonces, la Tierra podía ofrecernos más de lo que consumíamos. Pero la demanda empezó a superar a la oferta. Y la brecha sigue aumentando.

• El resultado es que nuestro déficit ecológico en 2003 era ya de un 25%. Es decir, la Tierra necesitó aproximadamente 15 meses para producir los recursos ecológicos que utilizamos ese año.

• “La capacidad regenerativa del planeta no puede mantenerse al ritmo actual y la presión sobre los ecosistemas está ocasionando la destrucción o la degradación de los hábitats y la pérdida de la productividad, que es una amenaza para el bienestar humano. ¿Hasta cuándo?”, se pregunta Carlos Valdecillo, de WWF/Adena.

• Y para explicar lo que sucede, el portavoz de esta organización ecologista recurre a un mundo que todos conocemos, el de los préstamos: “Estamos de prestado. Es como si la Tierra fuera nuestro capital bancario y viviéramos no sólo de los intereses que nos genera, sino también del propio capital, que cada vez se reduce más. La huella es un indicador científico que nos dice que algo gordo está pasando”.

• Pero no todos tenemos la misma responsabilidad sobre la degradación que está sufriendo nuestro planeta. La huella promedio de un ciudadano español, por ejemplo –que resulta de dividir la huella que tiene España por el número de habitantes– era en 2003 de 5,3 hectáreas por habitante (en 2007 ya alcanzó las 6,4 hectáreas por habitante), similar a la de los países de su entorno, mientras que la de un ciudadano norteamericano era de 9,6 hectáreas por habitante.

• Una huella muy superior a la de países emergentes como India, con 0,8 hectáreas; o de China, con 1,6. Y mucho más lejos aún de las 0,5 hectáreas de Somalia o las 0,2 de Afganistán.

INFOGRAFÍA

Verde = Huella ecológica (hectáreas por habitante)
Rosa = Población en millones de habitantes
Marrón = Superficie en millones de hectáreas
Azul = Superficie necesaria para mantener el consumo actual