La escena no podía ser más idílica. Una viuda encantadora, enamorada de su jardín, acoge a mendigos, alcohólicos y ancianos desamparados en su casa de Sacramento. Les alquila una habitación por un puñado de dólares. Parece una estampa casi navideña, pero no lo es. A los pocos días, sus huéspedes desaparecen sin dejar rastro. Nadie les echa en falta, al fin y al cabo se trata sólo de desarrapados.

Un buen día, la desaparición de un alcohólico levanta las sospechas de una trabajadora de los servicios sociales. Dorothea le había contado que el viejo en cuestión se había vuelto a México, pero ella no lo creyó; algo en la versión de la viuda despertó sus sospechas. Cuando volvió a la pensión, que ya tenía fama de clandestina, lo hizo junto a dos policías.

Entonces, ocurrió algo que no podía faltar en el guión de esta bien tramada película. Un inquilino entregó a unos de los agentes una nota en la que se leía: “La señorita Puente nos ha pedido que mintamos”. A los cuatro días, los policías volvieron con una orden de registro y una autorización judicial para cavar en el jardín. Encontraron los cuerpos de los desaparecidos. La que no estaba era Dorothea, que había huido. Estuvo en busca y captura una semana. La detuvieron en Los Ángeles. El fiscal acusó a la anciana de avariciosa y manipuladora, y de haber asesinado a sus víctimas a sangre fría para quedarse con su dinero.

FICHA POLICIAL

Nombre: Dorothea Puente.
Lugar de los hechos: Sacramento (California, EE.UU.).
Año del crimen: 1988-1989.
Delito: Nueve asesinatos.
Móvil: Quedarse con el dinero y los cheques de la seguridad social de sus víctimas. Modus operandi: Envenenaba a mendigos, ancianos y alcohólicos y los enterraba en el jardín. Sentencia. Cadena perpetua.
Curiosidades: Huyó mientras cavaban en su jardín. Lo hizo con tanta naturalidad que no despertó sospechas.