Se conocieron en un barco y se enamoraron. Florence tenía 18 años, James Maybrick, 42. Ella navegaba rumbo a Europa para conocer el viejo continente. Él regresaba a Inglaterra tras un viaje de negocios en Estados Unidos. Se casaron en Londres en 1881 y en 1886 ya estaban instalados en Liverpool con sus dos niños, James y Gladys, en una mansión de 20 habitaciones y cinco criados. Parecían el colmo de la felicidad a los ojos de la sociedad encorsetada en la que se desenvolvían. Pero era sólo eso, apariencia.

James era un hipocondríaco que se alimentaba de pastillas y, para colmo, tenía una amante. Florence se enteró y le pagó con la misma moneda. Se enamoró de otro hombre. En esta situación, no tardaron en aparecer las sospechas y tras ellas, los maltratos. Fue después de éstos cuando su marido enfermó del estómago y murió posteriormente. En una carta a su amado, Florence le decía que James estaba “enfermo de muerte”. Ésa fue su sentencia. Porque el mencionado texto cayó en manos de la enfermera, que la leyó y se la enseñó a su cuñado, que se convirtió en su sombra. En un descuido de ésta, registraron la casa y hallaron todo tipo de evidencias. La recatada Florence guardaba arsénico para deshacerse de 50 personas. Se le acusó de asesinato y se la sentenció a la horca. Bastó que el jurado deliberara 38 minutos. Finalmente, la pena se quedó en cadena perpetua. Murió en 1941. Tenía 76 años.

FICHA POLICIAL

Nombre. Florence Maybrick.
Lugar de los hechos. Liverpool, (Inglaterra).
Año del crimen. 1889.
Delito. Mató a su marido.
Móvil. Infidelidades y maltrato.
Modus operandi. Envenenamiento con arsénico.
Sentencia. Cadena perpetua.
Curiosidades. Fue liberada tras 15 años en prisión y volvió a EE.UU. como una celebridad. Pasó su vida sola en un pueblo de Connecticut.