Paqui o la “envenenadora de Melilla”, como se la quiera llamar, actuó siempre en solitario. No comprometió a ninguno de los amantes que había conocido a través de internet, donde se hacía llamar “Fogosa”. Decidió pasar a la acción porque, según declaró ante el tribunal, su marido, Antonio González, bebía mucho y la maltrataba física y psicológicamente. Por eso, lo eliminó. Y con él, a dos de sus hijos, Florinda y Sandra, “para que no sufrieran por la desaparición de su padre”. El tercero, Antonio, pudo salvar su vida.

En el juicio, Francisca escogió el recurrente papel de ama de casa y madre abnegada, siempre pendiente del cuidado de su familia supuestamente enferma. Pero no fue capaz de interpretar su propio guión hasta el final. Confesó que había suministrado “Colme”, un medicamento prescrito para dejar el alcohol, a su marido y a sus hijos. De hecho, los investigadores habían hallado este fármaco en la botella de agua que la niña tenía en su mesilla de noche. La vida de esta valenciana de 36 años se había enredado en los últimos tiempos. En verano de 2003, trabó relaciones con varios hombres a través de internet. En noviembre, su marido y sus hijos ingresaron en el hospital por una intoxicación, lo que no impidió que la mujer viajara a Tenerife para encontrarse con uno de sus ciberamantes. En enero de 2004, murió su marido, con el que llevaba 17 años casada, y seguidamente sus dos hijos. El precio: 84 años de cárcel.

FICHA POLICIAL

Nombre. Francisca Ballesteros.
Lugar de los hechos. Melilla.
Año del crimen. 2003-2004.
Delito. Envenenar a su marido y a dos de sus hijos, e intentarlo con un tercero.
Móvil. Mató a su pareja porque bebía y la maltrataba física y psicológicamente, y a sus hijos para que no sufrieran por la desaparición de su padre.
Modus operandi. Envenenamiento.
Sentencia. 84 años de cárcel.
Curiosidades. Tenía varios amantes que había conocido en internet. Se hacía llamar “Fogosa”.