"Me han matado a mis hijos!”, gritó Francisca González a la persona que atendía el teléfono de emergencia. Adrián, de seis años, y Francisco Miguel, de cuatro, yacían muertos en la cama de matrimonio. Al lado de Francisca estaban la abuela y el hijo mayor, de 14 años. El padre, ausente. Cuando llegó la Guardia Civil, apenas pudo articular un discurso coherente. No supo explicar por qué tenía un arañazo en la mejilla, por qué los niños estaban casi desnudos en pleno invierno ni por qué los supuestos asaltantes no habían robado nada. Después de un entierro que conmovió a toda España, confesó el doble asesinato.

Momentos antes del crimen había hablado por teléfono con su marido, José, y éste le había comunicado su intención de separarse de ella.
Furiosa, juró venganza. Se atiborró de alcohol y estupefacientes, lo que terminó de bordar su locura, y se dirigió hacia su hijo mediano. Rodeó su cuello con el cable del cargador del móvil y lo asfixió. Después hizo lo mismo con el pequeño. Y pese a lo bárbaro de su acción, no se derrumbó. Con sangre fría, esperó algo más de cuatro horas y llamó al resto de la familia.

Pero no hay crimen perfecto. Francisca testificó que todo había sucedido a las siete de la mañana y el forense fijó la hora de las muertes en las dos y media. Además, la delataba la señal que el cable había dejado en su mano. Un jurado popular la condenó a dos penas de 20 años de prisión; sólo cumplirá 25 años.

FICHA POLICIAL 

Nombre: Francisca González.
Lugar de los hechos: Santomera (Murcia).
Año del crimen: 2002.
Delito: Doble asesinato con agravante de parentesco.
Móvil: Venganza contra su marido.
Modus operandi: Asfixió a sus dos hijos con el cable de un cargador de teléfono móvil.
Sentencia: 25 años de prisión.
Curiosidades: Los psiquiatras determinaron su responsabilidad al “saber distinguir el bien del mal”.