"Lizzie Borden tomó un hacha / y le dio a su madre 40 hachazos / y cuando vio lo que había hecho / le dio 41 hachazos a su padre”. No es una crónica de sucesos sino una canción popular infantil de Nueva Inglaterra (EE.UU.), basada en hechos reales. En concreto, en la vida y obra de Lizzie Borden, que en agosto de 1898 mató a su padre y a su madrastra.

Ni a la asesina ni a su hermana, Emma, les gustó que, tras la muerte de su madre, su padre se casara con otra mujer. Ambas la odiaban tanto que ni se sentaban a la mesa con ella. Por eso Lizzie, que era fría como el hielo, decidió eliminarlos. Primero le asestó a ella 21 hachazos en el cráneo. Después se ocupó de su padre: 11 golpes. Siempre negó su culpabilidad, aunque todas las pruebas la señalaban. Su mejor amiga la sorprendió mientras metía en el horno un vestido manchado de sangre, el farmacéutico declaró que había intentado comprarle ácido el día del crimen, la Policía encontró dos hachas en el sótano y el forense dictaminó que el asesino estaba en la casa, porque la madrastra había sido asesinada una hora y media antes que el padre.

Con todo, Lizzie logró conmover al jurado, que la dejó en libertad sin fianza. Le bastó un desmayo tras ver las calaveras de los asesinados. Ya absuelta, Lizzie y su hermana se repartieron la jugosa herencia. Pero todos sabían que era culpable. Su condena fue el ostracismo. Al morir, legó su fortuna a la Sociedad Protectora de Animales.

FICHA POLICIAL

Nombre: Lizzie Borden.
Lugar de los hechos: Fall Rivers, Massachusetts (EE.UU.).
Año del crimen: 1892.
Delito: Parricidio y asesinato de su madrastra.
Móvil: Odio.
Modus operandi: Asestó 11 hachazos a su padre y 21 a su madrastra. Sentencia. Libertad sin fianza.
Curiosidades: En EE.UU. se comercializa una muñeca que lleva su nombre.