"Hoy he vuelto a dar paso a mi compulsión y con ella hago felices a las personas”. Lucy de Berk, enfermera holandesa de 41 años, escribió esta frase en su diario y con ella retrató unas motivaciones perversas. Acababa de dar rienda suelta a su criminal instinto. Lo hizo hasta en 13 ocasiones, una de ellas con un bebé de seis meses, en tres hospitales diferentes de La Haya.

A todas sus víctimas les administraba sustancias letales: una mezcla de morfina y potasio. Ella, desde su posición omnipotente, decidía quién debía vivir y quién “necesitaba” morir con una supuesta motivación moral y salvadora. No fue difícil detenerla, iba dejando pistas clave. Todas las muertes se producían de manera inesperada y por razones externas, como consecuencia de sobredosis de medicinas. Y los fallecidos siempre eran niños menores de seis años o enfermos crónicos. Además, la evidencia estaba ahí: todos los fallecimientos de pacientes tuvieron lugar durante los turnos de guardia de Lucy de Berk.

El Tribunal de Apelación de La Haya confirmó la pena de cadena perpetua y el tratamiento psiquiátrico que debía recibir. Los jueces consideraron que era culpable y decretaron que había actuado “conscientemente y con premeditación”. Ella no lo pudo resistir y en medio de la sala, entre sollozos, gritó: “Yo no lo he hecho, no puedo escuchar más”. Los investigadores la relacionan con otros 11 asesinatos.

FICHA POLICIAL

Nombre: Lucy de Berk.
Lugar de los hechos: La Haya, (Holanda).
Año del crimen: 1997-2001.
Delito: Trece asesinatos.
Móvil: Se sentía cualificada para decidir entre la vida y la muerte.
Modus operandi: Sobredosis de medicamentos.
Sentencia: Cadena perpetua.
Curiosidades: En su diario delató “una compulsión que la llevaba a actuar”.