La llamaban “la tuerta”, no era mujer de amigos y tenía, además, inclinación por el insulto y las trifulcas callejeras. Su vida estuvo marcada por un acusado estrabismo que le llevó a encerrarse en sí misma. De su Málaga natal emigró a Barcelona, donde conoció a Luis N., un conductor de metro, con el que tuvo dos hijos. Nunca fueron una pareja bien avenida. Cuando se presentó ante la Audiencia de Barcelona lo hizo como abnegada esposa y sufrida ama de casa, a pesar de llevar sobre sus espaldas la carga de cinco envenenamientos. Pero, ¿era Margarita una asesina fría y calculadora que mataba para quedarse con el dinero de sus víctimas o se trataba de una mente enajenada y enferma y, por tanto, sin conciencia de sus crímenes?

“La tuerta” nunca admitió ser culpable de los envenenamientos. Sí confesó, en cambio, sus robos. El caso es que el 3 de agosto de 1992, una mujer de 70 años, que era vecina y amiga de Margarita, fue hallada muerta en su casa. La noticia de su fallecimiento no vino sola. De su domicilio habían desaparecido varios documentos y de su cuenta bancaria, un millón de pesetas. Esta operación la repitió con otros dos vecinos, con su esposo y su cuñado. A todos, con la ayuda de su hija Sonia, de 16 años, les suministraba una mezcla letal de un fármaco y alcohol. La policía encontró en su casa papeles y cartillas de ahorro de las víctimas. Le cayeron 34 años de prisión.

FICHA POLICIAL

Nombre. Margarita Sánchez, “la viuda negra de L’Hospitalet”.
Lugar de los hechos. L’Hospitalet, (Barcelona).
Año del crimen. 1992.
Delito. Cinco homicidios consumados y dos frustrados.
Móvil. Económico.
Modus operandi. Envenenamiento.
Sentencia. 34 años de prisión.
Curiosidades. Su hija Sonia, de 16 años, le ayudaba a falsificar firmas en documentos bancarios.