Su primer marido, pero también su tía, su abuela, sus suegros, su cuñada, sus padres, dos primas y dos vecinos cayeron en sus garras. Y de todos, ella era la única heredera. Esto fue lo que levantó las sospechas de las autoridades. A los vecinos del pueblo de Loudun, en la región francesa de Poitou-Charentes, les faltó tiempo para acusarla. Su imagen había despertado desconfianza, siempre vestida de negro riguroso. Sus maneras eran peor que malas y su fama era la de una mujer fría, misteriosa y cruel.

Cuando se exhumaron los cadáveres de todos los fallecidos, se encontró en ellos otro denominador común: el arsénico. Marie Besnard parecía acorralada, pero no lo estaba. Lejos de confesar, defendió a capa y espada su inocencia. Tanta fue su obstinación y la de su abogado que en 1961 fue absuelta, a pesar de que el informe de los psiquiatras la señalaba como una mujer “hábil, fría, hipócrita y lúcida”, cuyos propósitos habían sido premeditados. Se ponía fin a un proceso judicial que había durado la friolera de casi 10 años. No había más pruebas de su delito que una cantidad ingente de chismes, secretos y dedos acusadores. Ni siquiera el arsénico sirvió para condenarla. Ninguna de las muertes se había debido, según criterio médico, a envenenamiento. Además, ella seguía en sus trece: “Son mis queridos desaparecidos, nadie reza tanto por ellos como yo y nadie les ha cuidado tanto. Yo no necesito ninguna herencia y nunca la he necesitado”. Murió en febrero de 1980. Tenía 84 años.

FICHA POLICIAL

Nombre. Marie Besnard.
Lugar de los hechos. Francia.
Año del crimen. 1926.
Delito. 12 asesinatos.
Móvil. Económico.
Modus operandi. Envenenamiento con arsénico.
Sentencia. Absolución.
Curiosidades. Nunca confesó su autoría, a pesar de que la policía utilizó distintas tretas, incluidos inclusión de testigos falsos para buscar un testimonio de culpabilidad. Cuando murió 20 años después, donó su cuerpo a la ciencia.