La Navidad es una celebración que suele resultar peculiar. Muchos nos enfrentamos a ellas con cierto estrés y es que en los memomentos en los que se reúne toda la familia hay más posibilidades de que afloren tensiones no resueltas. La tensión nos bloquea y nos predispone a meter la pata y a dejar para el recuerdo “entrañables” anécdotas navideñas. Nadie escapa a la Navidad.

Si un extraterrestre bajara a la Tierra y preguntara por nuestras costumbres navideñas, lo tendríamos bastante claro: el turrón, los regalos desacertados, el anuncio de la Lotería, el belén al que siempre le falta una figura, la borrachera de Fin de Año, el árbol que desafía la ley de la gravedad porque nos hemos pasado con las bolas… Pero, sobre todo, habría que hablarle de esos encuentros familiares que generalmente sólo se producen en bodas, bautizos, comuniones… y Navidad.

Unas celebraciones que, sea por la razón que sea, suelen resultar peculiares. Tanto que el cine ha visto un filón en ellas. Y, curiosamente, el género elegido suele ser la comedia. Ya lo probaron en España, y con mucho éxito, los directores de “La gran familia”, “Plácido” o “El día de la bestia”. Y fuera de nuestro país, también hay para elegir: “Pesadilla antes de Navidad”, “Los fantasmas atacan al jefe”, “Padre en apuros”, “Love actually”…

Por eso parece que no es casualidad que estas fiestas resulten cómicas para un considerable sector de la población. De hecho, aquello de “La Navidad, ¿bien o en familia?” encierra mucho más que un simple chiste. Incluso los psicólogos encuentran una explicación obvia a que en estas fechas sea cuando más anécdotas extravagantes se producen. Para empezar, porque muchos nos enfrentamos a ellas con cierto estrés, y no sólo porque hay que comprar los regalos en tiempo récord o preparar una cena que irremediablemente será criticada por nuestros familiares más envidiosos, también porque en los momentos en los que todos nos reunimos hay más posibilidades de que afloren tensiones no resueltas, según explica la psicóloga clínica Ana Teresa Picchini: “Los celos al hermano, la envidia por ser el favorito de mamá, la competencia que nos obliga a aparentar lo que no somos o tenemos… Casi todos sufrimos tensiones que sólo afloran en momentos puntuales, como cuando se reúne toda la familia… Y ahí puede pasar de todo”, dice. Por ejemplo, que el más maduro de la familia tenga un arrebato de un niño de tres años porque su regalo no le ha gustado.

RECIÉN LLEGADOS Y AUSENTES

Y eso sin contar con los nervios propios del cuñado no aceptado por su familia política, la nuera recién llegada, el tío soltero que se pasa con el vino, el sobrino que pregunta por el tío ausente a su tía recién separada… En resumen, que la tensión nos bloquea y nos predispone a meter la pata y a dejar para el recuerdo “entrañables” anécdotas navideñas. O, en el mejor de los casos, a vivir situaciones surrealistas. Por eso, tendríamos que explicarle al extraterrestre que en esto somos un tanto extraños. Y también que, si se quedara, acabaría por comportarse como nosotros. Porque nadie escapa a la Navidad. Ni siquiera conocidos personajes que nos cuentan sus “mejores” recuerdos navideños.