Shirin, su amante Rahmatullah y su hijo Samiullah solían coger un taxi para volver a casa. Una vez allí, hacían gala de su hospitalidad. Invitaban al conductor a pasar y le servían té y kebabs. Sería una estampa pintoresca del Afganistán urbano si no fuera porque la comida estaba salpimentada con barbitúricos. Y porque el postre para los convidados era el estrangulamiento con una cuerda y el posterior viaje, ya cadáveres, al jardín. Después, la pareja corría a vender el taxi a una ciudad fronteriza con Pakistán. Solían sacar por la transacción 10.000 dólares.

Ésta era su rutina hasta que desapareció Haji Mohammed Anwar, un hombre de negocios de 60 años, que había hablado con su primo cuando se dirigía a casa de la extraña familia. A los dos días, apareció su cuerpo. Los investigadores hallaron la ropa y los zapatos del fallecido en el fatídico hogar. Siguieron buscando y encontrando: seis cadáveres enterrados a un metro y medio de la superficie. Aún les esperaban más en la vivienda de Jalalabad en la que la familia había residido tiempo atrás: 18 cuerpos, entre los que estaba el del marido de Shirin, Mohammed Azam. La “asesina del kebab”, como se la conoce, lo negó todo. Bueno, todo no. Reconoció que sabía que había cuerpos enterrados en el jardín pero no cómo habían llegado hasta allí. También confesó que Rahmatullah había matado a su marido y que ella estaba de acuerdo, porque la había maltratado hasta el día de su muerte. El fiscal pidió pena de muerte para toda la familia.

FICHA POLICIAL

Nombre: Myra Hindley y Ian Brady.
Lugar de los hechos: Manchester, (Inglaterra).
Año del crimen: 1963-1965.
Delito: Cinco asesinatos. Móvil. Pasión enfermiza por su pareja.
Modus operandi: Abusos sexuales, torturas, estrangulamiento y golpes de hacha. Sentencia: Cadena perpetua para ella (que murió en 2002). Psiquiátrico penitenciario para él.
Curiosidades: Myra estudió Humanidades mientras permaneció en prisión.