Regina tiene 23 años, es brasileña, prostituta y hace unos días la encontraron tirada en un polígono, con un desgarro vaginal y un desprendimiento de retina por una paliza. El Samur se ha puesto en contacto con APRAMP (la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida) y le han ofrecido refugiarse en uno de sus pisos de acogida. Sin embargo, Rocío Nieto, la directora de esta ONG, cree “que es probable que acabe llamando a alguna amiga desde el hospital y vayan a buscarla los mismos que la explotan”.

Las víctimas de la trata viven en una situación análoga a la esclavitud. Son mujeres a las que se ha convertido en un objeto, una mercancía para que otros ganen dinero a su costa. Tienen de 18 a 35 años, hacen 20 o 30 servicios en un día, casi siempre sin protección. Viven sin dormir, para ellas no hay diferencia entre el día y la noche, algunas están en clubes y en pisos, otras son obligadas por sus proxenetas a permanecer en las cunetas de la carretera o en polígonos indrustiales. “No conocen sus derechos, las degradan y las destruyen –explica Rocío Nieto–. Una vez le pregunté a una chica en un club por qué no se venía con nosotras y me dijo que eso era lo único que sabía hacer”.

Asociaciones como Proyecto Esperanza y APRAMP ofrecen a las víctimas una salida: un hogar, tratamiento médico y psicológico, formación y ayuda para buscar trabajo. Pero para ellas no es fácil escapar del cerco que las oprime. Están en una situación muy vulnerable, amenazadas, con su documentación retenida y no se atreven a hablar con la policía ni con la población civil para pedir ayuda. El hostigamiento de sus explotadores las paraliza, pero también las dificultades de una sociedad que les niega el acceso a un puesto de trabajo y que las estigmatiza por haber ejercido la prostitución.

Recientemente el Gobierno aprobó un plan contra la trata que va a intensificar las medidas de reinserción y sensibilización, “pero hay tremendas dificultades para que estas mujeres obtengan el permiso de residencia –explica Marta González, coordinadora de Proyecto Esperanza–. Muchas siguen vinculadas a la prostitución porque no tienen papeles ni posibilidades de regularizar su situación”. Los embarazos son habituales. Algunas optan por el aborto; otras, por dar a su hijo en adopción, auque luego intentan retenerlo. Están desesperadas. Necesitan ayuda para reconstruir su autoestima y su identidad.

Una causa en cifras

18.000 engañadas: la Guardia Civil calcula que todas estas mujeres han sido introducidas bajo engaño para ejercer la prostitución en las calles o en clubes de alterne de nuestro país, pero se trata de cifras basadas en sus propias inspecciones y que están muy lejos de los números reales.

20 a 40 años: según los estudios de APRAMP, el cliente habitual en 1998 era un varón casado y con cargas familiares, mayor de 40 años, mientras que en la actualidad abundan los jóvenes de 20 a 40. Cuanto más rejuvenece la clientela, más aumenta la visión de la prostitución como parte integrante de la oferta de ocio. La fantasía del exotismo también propicia la experiencia.

80% en clubes: ocho de cada 10 mujeres que se prostituyen en nuestro país lo hacen en clubes de carretera. El mayor número de estos locales se concentra en torno a las grandes autovías, en Palencia, Alicante, Cuenca y Madrid.

418 recuperadas: entre 1999 y 2007 el Proyecto Esperanza ha atendido a 418 mujeres, procedentes de 20 países: el 62%, de Europa del Este; el 32%, de América Latina y el 6%, de África. El 60% tiene edades comprendidas entre 18 y 25 años; el 14% entre 26 y 30, y el 16% más de 30 años. El 55% desea permanecer en España.

EL ROSTRO

Dorca (nombre ficticio), de 21 años, estuvo encerrada tres meses en una habitación por la que pasaban clientes día y noche. Con 18 años subió a un avión en Kinshasa, creyendo que en Europa podría ser modelo. “Allí estábamos en guerra y seis de mis hermanos habían desaparecido”, cuenta.

Dorca había participado en un desfile y una organizadora le ofreció llevarla Europa. Un día la recogió en el colegio y le compró ropa. “Tenía miedo, pero confié en ella”. Salió del país en avión con pasaporte falso. “Al llegar a Madrid me encerró y me dijo: “Estás aquí para prostituirte. No tienes salida y no te daré de comer hasta que trabajes”.

Pasé tres días sin comer. El cuarto empecé a trabajar, no paraba de día ni de noche, siempre sin protección. A los tres meses estaba embarazada.

Un día, la puerta estaba abierta, no había nadie. Empecé a correr, descalza, asustada. En la estación de Atocha, vi a un chico de mi país que me ayudó. Una asistente social me llevó al Proyecto Esperanza. Me dieron casa, terapia, cursos de español e informática, ayuda jurídica y trabajo. Hablé por teléfono con mi madre y la habían amenazado. No le he contado nada".

MARTA GÓNZALEZ, Coordinadora de la ONG Proyecto Esperanza

Especialista en derecho e inmigración, la representante de la ONG hace un detallado análisis de este problema.

• ¿Qué le diría a quien piensa que “ellas saben a lo que vienen”? Hay que preguntar si puede decidir cuándo dejarlo, si tiene sus documentos de identidad, si dispone del dinero que gana, si la han amenazado, si está sujeta a una deuda desorbitada...

¿Qué parte de responsabilidad tiene el cliente? Muchos prefieren no preguntarse en qué situación están esas mujeres. Hablamos de personas que están siendo convertidas en objeto de comercio, esclavitud y vulneración de derechos.

¿Qué causas subyacen al problema? Sobre todo, la desigualdad entre países ricos y pobres. Ven Europa como la tierra prometida. Confían y se ven traicionadas.

¿Es un problema mayor en España que en otros países? Hasta diciembre de 2008 no hemos tenido un plan contra la trata, y eso ha contribuido a que aquí haya sido un delito muy lucrativo con menos riesgos de ser imputado y condenado.
 
¿No estaba tipificado hasta ahora? Sí, pero mal. En el Código Penal se mezcla el delito de trata de personas con fines de explotación con el de tráfico ilícito de inmigrantes. Persigue a las redes de la inmigración irregular, pero hay víctimas que entran por un aeropuerto con visado de turista, o en autobús y con papeles.

¿Las ONG están contentas con el plan aprobado por el Gobierno? En parte sí, pero podría haberse garantizado mejor la protección a las víctimas, denuncien o no.