Cayó en su propia trampa. En 1974, con el fin de conseguir un préstamo hipotecario, Velma Barfield se hizo pasar por su madre, Lillie Bullard, de 64 años. No pudo resistir la presión de la mentira. Le atormentaba que tarde o temprano su madre se enterase y decidió quitársela del medio. No recurrió a ningún método sofisticado. Abrió el armario, cogió el bote del insecticida y regó la sopa lista para comer. La jugada le salió redonda. La muerte de su madre se atribuyó a causas naturales.

No contenta con esto, dos años después, harta de la dueña de la casa en la que trabajaba como ama de llaves, Dolly Edwards, de 85 años, la asesinó, esta vez con raticida. Tuvo, además, la sangre fría de acudir al funeral y deshacerse en lágrimas.

Y aún hubo una tercera y una cuarta. Volvió al mismo empleo y volvió a matar. Esta vez fue su jefe, John Henry Lee, un hombre de 85 años, al que envenenó. A estas alturas ya no podía parar. Se comprometió con el sobrino de la difunta Dolly, un tal Stuart Taylor, que no sospechaba nada, y le mató. Echó raticida en su cerveza sin tener en cuenta que ella había sido la única persona que había estado con él en cuatro días. La detuvieron y Velma confesó sus crímenes. En 1984, con 52 años de edad, fue ejecutada con una inyección letal en Carolina del Norte. Hasta 1.000 cirios alumbraron su viaje a la oscuridad.

FICHA POLICIAL

Nombre: Velma Barfield.
Lugar de los hechos: Carolina del Norte (Estados Unidos).
Año del crimen: 1974.
Delito: Cuatro asesinatos.
Móvil: Evitar ser descubierta por pedir un crédito con otro nombre y vengarse de sus jefes.
Modus operandi: Envenenamiento.
Sentencia: Ejecutada con inyección letal.
Curiosidades: Fue la primera mujer a la que se aplicó la pena capital en siete años.