1. COME BIEN ENTRE HORAS. Emplea las frutas como tentempié e imagina cómo sus pigmentos antioxidantes neutralizan los radicales libres que deterioran tus neuronas. Otras opciones: yogures descremados o nueces.

2. ELIGE BIEN LOS HIDRATOS. Una dieta rica en azúcar y harinas blancas produce “picos de azúcar” y los niveles crónicamente altos de glucosa en sangre dañan las neuronas. Pero el cerebro extrae la energía de los hidratos. Cambia los “rápidos” por los “lentos”: pan y pasta integral, legumbres, fruta...

3. REPITE DE PESCADO. El cerebro no alcanza su máxima potencialidad sin los ácidos grasos omega-3. Según un estudio norteamericano, los adultos que tomaban un bocado de pescado al día tienen un 60% menos de riesgo de pérdida de memoria asociada a la edad. El DHA del aceite de pescado potencia la memoria, la rapidez de pensamiento y el aprendizaje.

4. TOMA TÉ. Es la mejor forma de “infundir” antioxidantes al cerebro, y casi sin calorías. Una taza de té preparada con una bolsita aporta 1.200 unidades ORAC de antioxidantes, un tercio del total diario recomendado por los expertos.

5. APRENDE A BEBER. Un poco de vino con las comidas aumenta las tasas de colesterol HDL (el “bueno”) y reduce el riesgo cardiovascular. Pero un estudio norteamericano ha comprobado que quienes toman más de 14 bebidas alcohólicas a la semana acababan teniendo cerebros más pequeños que los no bebedores. El efecto es más acusado en las mujeres, sobre todo en las de más de 70 años. En general, se recomiendan dos copas de vino (o su equivalente en alcohol) para ellos y una para ellas.

TU EJERCICIO

• Mueve los músculos. “Quien mueve las piernas mueve el corazón”, se suele decir; pero se comenta menos que el ejercicio también estimula el cerebro. Un reciente estudio sueco ha comprobado que una caminata diaria a paso ligero no sólo es beneficiosa para el sistema cardiovascular y el estado físico, sino que tiene efectos positivos en la capacidad de concentración y en el estado de ánimo.