El color turquesa

Qué mierda, último día de campamento, y todavía no he conseguido que me dirija la palabra !con lo guapo que es! y yo aquí esperando, mira que he hecho cosas para que se dé cuenta de que existo, hasta he jugado al fútbol, para por lo menos poder darle una patadita, y asi disculparme, pero como si nada, me mira como si no me viese y continúa. !!Ay!! como me gusta Miguel, tan alto, delgadito, moreno, esos ojazos tan grandes de niño bueno y esa boca que dice lo contrario, !quien la pillara!, y a saber cuando lo vuelvo a ver, después del cole, este campamento y seguro que hasta septiembre no le veo el pelo, bueno a ver si en la fiesta de esta noche se decide y me da su móvil por lo menos, aunque parece más interesado en sus amiguitos que en las chicas, ya le vale que con 15 años podía espabilar. Menos mal que esta noche hay fiesta de despedida juegos y bailoteo, me pondré mis braguitas de la suerte, las turquesa con la muñeca, que siempre que las pongo no fallan, da igual lo que lleve encima, parece el anuncio ese de axe, todos a por mí. Socorro, las necesito, y todo tirado por ahí, ¿por qué seré tan desordenada?. Dios mío lo lo encuentro todo, menos mis braguitas, y ya son las 9 de la noche ¿donde estareis? si ya no sé donde mirar. Carmen llama a mi puerta: -¿Elena estás lista? hay que bajar a cenar -Que va tía si es que no sé que ponerme, además para que Miguel ni me mire, me da igual el rollo fiesta. -Venga anímate ponte el vaquero ajustado y la camiseta blanca, que con el moreno te queda muy bien y ya verás como cae, espabila que yo quiero ver a Jorge. -Vale por lo menos que pille una de las dos, un segundo que me cambio. Que rollo, la acompañaré, pero sin mi arma secreta no creo que lo consiga. Bajamos al comedor y alli estaba, tan formal como siempre, con una camisa azul tan guapo que me lo comería, la cena paso contando anécdotas, tirándonos el pan, y algunos coqueteando, asi que empezó la música, Carmen estaba lanzada con Jorge, asi que me fuí con mi cocacola al rincón esperando que pasara un rato y largarme, allí no se me perdía nada. -Hola, (salió una voz desde una silla próxima), ¿que tal te aburres? Jolin, pero si era Miguel -No, pero estoy un poco cansada, farfullé -Bueno pues sientate conmigo Mejor sería que lo hiciese, pero si estaba hablando conmigo, no podía creerlo, Carmen nos miraba y se reía desde la otra esquina agarrada a Jorge. -¿te lo has pasado bien?, me has dado muchas patadas y empujones. -Lo siento, cosas de los juegos, perdona, dije colorada como un tomate. -Nada, si me gustaban, los voy a echar de menos. Estupefacta, le miré, ¿pero que decía, habría oído bien?, Miguel siguió: -Tengo un rehén para obligarte a que bailes conmigo, (sacó de su bolsillo mis braguitas turquesa). -¿Que haces con eso ? -Lo cogí en tu habitación, pensé que sería útil, ¿que dices he acertado? Y no sabes como, pensé yo, si es que el turquesa nunca falla.