Andreu Martín es escritor y guionista. En “El cine se alimenta de los periódicos” nos habla de cómo las películas han aprovechado, en más de una ocasión, la crónica negra de los diarios para elaborar sus argumentos. Martín es de los que creen que la realidad siempre supera la ficción.

La realidad supera a la ficción. ¿O era al revés? El cine ha aprovechado, en más de una ocasión y más de dos, la crónica negra de los diarios para nutrirse de poderosos argumentos. Los trágicos sucesos de Puerto Hurraco llevados a la pantalla por Carlos Saura en “El séptimo día” o de Aileen Wuornos contados por Patty Jenkins en “Monster” son sólo dos pruebas de que la vida es en sí cinematográfica. Ni siquiera necesita imaginación. El escritor y guionista Andreu Martín, acostumbrado a bregar con el género, cree que “la realidad siempre supera a la ficción, porque la ficción tiene la necesidad de ser verosímil y la realidad que leemos en los periódicos suele ser inverosímil”.

Si uno cierra los ojos y piensa en una malvada de cine, no tardará en ver el rostro de Bette Davis, que sembró de discordia los guiones cinematográficos de la época (“Jezabel”, “La loba”, “¿Qué fue de Baby Jane?” son algunos de ellos), pero si trata de recordar a una asesina, es probable que la memoria se nuble. Se cuentan con los dedos de la mano. “Entre otras cosas –explica el autor de “Corpus delicti”– porque este personaje siempre es especialmente excepcional. Lo normal es que sean hombres, tanto en la ficción como en la realidad. El hecho de que sea mujer siempre es una sorpresa. En la mayoría de las novelas de Raymond Chandler, la criminal es la chica guapa. Supongo que ello se debe a que es el último personaje en quien se supone que el lector pensaría”.

Lo que tiene claro es que ya no es como antes, ha sufrido una transformación: “En el pasado, era el colmo de la maldad y la perversión, según el eslogan “además de mujer, asesina”. Hoy en día, sin embargo, los vientos han cambiado (o están cambiando) y se la trata con mayor benevolencia y comprensión. Véase, si no, “Monster”.

¿POR QUÉ NOS GUSTA TANTO LA CRÓNICA NEGRA?

Sean de la vida real o novelada, las historias de crímenes gustan, y mucho. Según Andreu Martín, las causas son:

Hablan de transgresión. “Vivimos rodeados de normas, desde el “buenos días” hasta el “no matarás”, pasando por las leyes de tráfico y las obligaciones fiscales. Por eso, nos fascina ver a gente que se las salta”.

• Se refieren a nuestros miedos. “El miedo del ciudadano al crimen es mucho más intenso que el miedo al desastre ecológico o a la bomba atómica. Esa sensación de “nos puede pasar a todos” sirve de catarsis. Y, si además, ganan los buenos, el alivio es innegable”.

Tratan de conflictos sociales próximos. “La alta política se convierte en una pantomima remota e incomprensible, una ficción que nos cae muy lejos, cuando analizamos la sociedad desde el crimen cotidiano”.

Invitan a jugar. “Contiene el elemento del juego: la solución que restaura el caos provocado por el crimen, la sorpresa que da ese placer especial de las buenas historias”.