Eva Amaral: "No me puedo abstraer de la crisis, la mitad de mi familia está en paro"

  • Tímida en las distancias cortas. Feroz y apasionada sobre el escenario. Eva Amaral habla sola en esta entrevista, en la que se sincera sobre las razones de su melancolía, su verdadera relación con Juan Aguirre (compañero musical y amigo íntimo) y el peso asfixiante de una crisis de la que no se quiere (ni puede) enajenar

Es menuda y algo en su flequillo y en sus gestos huidizos delatan su timidez. A la entrevista llega en taxi, con una cazadora de cuero negro, una camisa “vintage” de cuadros rojos, minifalda y un bolso gastado. Eva tiene un aspecto frágil, pero voz profunda de periodista con credibilidad. En otra vida, podría haber sido una cantante de jotas o una presentadora de telediario, pero ella no lo sabe (¿qué sabe nadie de sus otras vidas posibles?), así que estudió escultura en la escuela de Artes de Zaragoza y aprendió a cantar en garitos ahumados para emular a la única mujer con cuya voz se sentía identificada: Patti Smith.

Acaba de publicar su último trabajo, “Hacia lo salvaje”, con el que ella y su compañero Juan Aguirre, han decidido independizarse de las multinacionales y hacer su disco más personal. Las letras, escritas en gran parte por Eva, están llenas de acantilados, bosques y asfaltos donde se estrella el desamor... Para Mujer hoy, y de manera excepcional, Eva ha accedido a conceder una entrevista sola. Es decir, sin Juan que, según las hemerotecas, habla más que ella. Todo lo contrario de lo que sucede en el escenario, donde ella lleva la voz cantante y no se esconde jamás.

Mujer hoy. En las letras de “Hacia lo salvaje” planea la idea de irse a otra parte y escapar...
Eva Amaral. La vida últimamente se ha vuelto bastante dura, la gente está bajo mucha presión y una sensación de injusticia flota en el ambiente, y todo eso ha influido en la temática de las canciones que hemos escrito. Tenemos ganas de cambiar el mundo, de huir de toda esa injusticia y de dar un portazo.

Pero ustedes todavía venden muchos discos. ¿También siente el peso de la crisis?
El hecho de que me vaya bien en mi trabajo no significa que no sienta lo que está pasando. Yo no me puedo abstraer del mundo que me rodea: tengo a la mitad de la familia en paro y un montón de amigos en situaciones desesperadas. Me siento muy afortunada porque hago lo que hago y me va bien, pero mis amigos son gente normal que lo está pasando mal.

A veces se triunfa y a veces no. Cuando hicieron “Sin ti no soy nada”, ¿eran conscientes de que se trataba de un éxito en potencia?
No, la verdad es que estábamos grabando en Londres y había que mandar una canción que empezara a sonar en las radios y esa era la que más acabada teníamos. Yo pensaba que hablaba de sentimientos muy extremos y que era demasiado melancólica para que le gustara a la gente. Pero debe de ser que la gente está fatal, o que yo no tengo ni idea.

Fustigarse en el amor es todo un género en la música, como en “Ne te quitte pas” o el bolero... ¿Usted también tienes canciones favoritas en el género de la flagelación amorosa?
Yo he sido muy de ponerme canciones tristes, sobre todo en la adolescencia, pero con el tiempo he aprendido que hay que saber usar la música para no hacerte más daño cuando estás mal. Aún así, me sigue encantando escuchar a Simon & Garfunkel porque los asocio a mi infancia. Cuando escucho sus canciones me hago un poco el “bicho bola” y me dejo llevar por la melancolía.

¿Ha sufrido mucho por amor?
Yo soy una persona muy impulsiva, muy emocional y también muy confiada, así que lo tengo todo para que me hagan sufrir. En fin, en ese momento parece que se hunde el mundo, pero todo se supera, y además se aprende.

En una de sus últimas canciones dice que quiere dejar la mitad sombría de la vida...
Sí, tengo ganas de luz. Estoy harta de chicos atormentados, aunque en los últimos años también he conocido a buenas personas...

Todos los grupos tienden a la disolución. Se deshacen, se atomizan y surgen solistas. ¿Cuál es la fórmula de Amaral para durar?
Llevamos juntos tantos años y nos llevamos tan bien que, ¿para qué nos vamos a separar? Desde que nos conocimos a mediados de los 90 hubo una conexión muy especial...

¿Cómo se conocieron?
Yo tenía un grupo pequeñito, Lluvia Ácida, y Juan tocaba la guitarra en un grupo que ya era de culto en Zaragoza, Días de Vino y Rosas. Le pedimos que grabara unas guitarras como colaboración estelar en nuestra maqueta y la conexión fue inmediata.

¿Es la persona que mejor la conoce?
Es el que mejor me conoce del mundo. Fuimos pareja, pero ahora es como si fuéramos familia, tenemos más que una amistad.

En una entrevista dijo que siempre se había sentido distinta y había tratado de ser aceptada. ¿Cuándo se acabó esa sensación?
Cuando me di cuenta de que ser distinta era mucho mejor... Yo fui una niña y una adolescente con muchísimos complejos, nunca he jugado con muñecas y me sentía la rarita...

¿De qué tenía complejos?
De todo: de gorda, de granos, de orejas grandes –ahora me encantan, pero hay que reconocer que en esa época todo lo tienes desproporcionado–. Además, convengamos que el mundo de la adolescencia es cruel. En ese momento eres muy vulnerable a lo que te diga cualquiera y eso lo he superado. Ahora me siento mucho mejor conmigo misma.

Al final la gente podría dividirse entre los que dicen que la infancia es su paraíso perdido y aquellos para los que fue un espanto.
Yo creo que no hay infancia sin traumas.

Parece que es una época que le produce bastante melancolía.
Me produce melancolía porque mis padres ya no están. Mi padre falleció en 1998 y mi madre hace pocos años. Así que sí, no puedo negar que me da cierta tristeza recordar.

¿Por eso decidió tatuarse un dragón ocupando toda la espalda?
Cuando lo del dragón mi madre todavía estaba viva. En aquel momento sentí que había superado mis inseguridades y me tatué el dragón para recordarme a mí misma que soy más fuerte de lo que creo. Mi madre, cuando vio el dragón, me dijo: “¡Qué horror, si parece la tapicería de una silla!” [risas].

En su primera etapa en la música, tocaba la batería. ¿Por qué no cantaba?
Porque pensaba que no era capaz. Me veía con una voz de “cazallera” inapropiada para estar delante, pero empecé a hacerlo por casualidad y me di cuenta de que era un medio de expresión mucho más poderoso que la batería.

En 2008 compartió escenario con Amy Winehouse, en el Hyde Park, para el cumpleaños de Mandela. ¿Llegó a conocerla?
Cada artista tenía su “roulotte” pero te veías en los baños (yo compartí lavabo con Joan Baez y casi me da un infarto). La verdad es que hubo un par de detalles de ella que nos gustaron mucho. Había un coro de niños de Soweto, Amy Winehouse entró en el baño y empezaron a cantarle su canción en la puerta. Entonces ella salió y se puso a cantar con ellos. Me dio mucha pena saber que había muerto. Es una lástima que solo haya hecho dos discos porque tenía muchísimo talento.

¿Cree que en la música hay más personas con adicciones?
Es cierto que vivir siempre fuera de casa puede ser muy desequilibrante para una persona, pero yo creo que, en general, en el mundo hay muchas adicciones y la música solo es un reflejo de lo que ocurre en todas partes.

Cantar frente a miles de personas y ser adorada, ¿es adictivo?
Subirte encima de un escenario es muy adictivo, eso es cierto. Es como si la energía de toda esa gente viniera hacia ti, una energía que te hace despegar.

Para alguien que esté acostumbrado a toda esa atención de las masas, debe de ser muy duro ser olvidado o fracasar.
Todos los grupos que han estado en lo más alto también han tenido su travesía en el desierto. Hay una canción nuestra que dice que en las cenizas del fracaso también está la sabiduría y creo que es una gran verdad.