El peso de un apellido: Los Madoff

  • Hace tres años salía a la luz la mayor estafa financiera de la historia. El escándalo Madoff arruinó a miles de personas... y a su propia familia que ahora, tras el suicidio de uno de los hijos, ha comenzado a hablar

Cómo afecta a la familia que un padre, considerado un gran hombre por su poder y su posición social, se descubra como un estafador y acabe en la cárcel? ¿Hasta dónde quedarán afectados, dañados o destruidos los miembros de su familia? ¿Hasta dónde es culpable la mujer de lo que hace su esposo?
Bernard Madoff estaba casado con Ruth, con la que tuvo dos hijos, Mark y Andrew. Sus hijos trabajaban con él, su mujer estuvo muchos años colaborando en sus negocios. Muchos dudan de que no conocieran sus métodos. Pero, ¿acaso un padre le dice todo a sus hijos o una mujer sabe todo lo que hace su marido? Muchos hombres engañan a sus parejas, aunque también hay que tener en cuenta que ellas se dejan engañar. Ruth soportó la vergüenza no solo de la estafa, sino también de la lista de infidelidades que él había cometido y que durante el escándalo se hicieron públicas. Ella, sin embargo, apoyó a su marido y mantuvo su relación, pero retiró la palabra a sus hijos cuando intentaron desmarcarse de los delitos paternos. Entonces, ¿por qué ahora Ruth rompe la relación con su marido y se decide hablar? Quizá para entender lo que le ha ocurrido y para defenderse, ya que ha sido una mujer atacada. Como ella dice, “para poder caminar por la calle y levantar un poco la cabeza”. Quizá también para poner palabras a lo que ha vivido, esta vez separada de lo que había compartido con él.

SIN CRITERIO. Ruth Alpern conoció a Bernie Madoff en Secundaria, con 15 años. Todos sus amigos recuerdan la devoción que ella le profesaba. Se casaron dos años después, en 1959, y él pasó a gestionar los negocios de su familia. Cabe suponer que el enamoramiento inicial, más sus 50 años de vida en común, dejaron a Ruth sin un criterio propio a la hora de reconocer que su marido había actuado mal. Y, sobre todo, para poder entender la difícil postura en la que sus hijos se quedaban frente al mundo.
Ruth optó por ser mujer antes que madre, pero una mujer-niña, ciega a lo que ocurría, como señala ahora en sus declaraciones. En las entrevistas que realiza por primera vez, relata que Bernie y ella intentaron suicidarse sin éxito con pastillas y alcohol. ¿Por qué intentaron suicidarse los dos juntos? ¿Ella es responsable en igual medida que él de todo lo sucedido? ¿La vergüenza por lo ocurrido era insoportable y tenían que pagar la culpa por igual? El intento se quedó en eso, pero esa pulsión de muerte ante la dificultad para enfrentarse al juicio de todos la heredó Mark, su hijo mayor, que sí supo cómo suicidarse y se ahorcó.
Algunos creen que, a través de estas nuevas confesiones, Ruth quiere hacerse la víctima, y quizá haya algo de cierto en ello. Desde luego, fue víctima de sí misma y de las maniobras financieras de su marido. Es posible que, más allá de lo que supiera conscientemente, prefiriera estar ciega a los tejemanejes de su esposo, gracias a los que llevaba una vida de multimillonaria. Ruth no pudo comprender a sus hijos y dejó de hablarles cuando un día, tras ser encarcelado su padre, les pidió una firma para sacarle de la cárcel y ellos se negaron. Los hijos, que le habían denunciado, optaron por ponerse del lado de la ley cuando Madoff se lo confesó todo entre lágrimas. El padre ni siquiera tuvo el gesto de entregarse a la justicia y dejó que sus hijos lo hicieran por él, sin pensar en la culpa que recaería sobre ellos.
El día antes de la detención, Ruth se fue con su marido a una fiesta. A la mañana siguiente, el FBI detuvo a Bernard por estafa. Mientras salía por la puerta dijo: “Han sido los chicos los que me han denunciado”. Cuesta creer que un padre que ha hecho eso culpabilice a sus hijos de haber hablado de lo inevitable. ¿Por qué lo hizo? ¿Para aliarse con la madre o para avisarla de que ellos no eran responsables de lo sucedido? Y si es así, ¿cómo es que ella no puede protegerlos?

VOMITAR EL DOLOR. Andrew volvió a hablar con su madre el día del suicidio de su hermano Mark, el 11 de diciembre de 2010. Ese suicidio era una inmolación al padre, a través de este acto, Mark se vengaba de él y señalaba el mensaje de muerte que un progenitor con estas características transmite a su descendencia. Se trata de un modelo mortífero que cala en la subjetividad del hijo. El padre transgresor pone muy difícil acceder a la ley vital que necesita su descendencia para sentirse orgullosa de sí misma. Estos hermanos han sido estafados por un padre que no ha sabido respetar una ética emocional que no permita la mentira ni el uso de los hijos. Andrew dijo: “Cuando mi padre confesó, tuve ganas de vomitar”. Ahora vomita en un libro el dolor que los actos paternos le produjo. Su hermano Mark no pudo poner palabras a lo que sentía y transmitió, sin poder evitarlo, una losa terrible a su hijo pequeño.
A las mentiras del padre se unió el silencio de una madre que no pudo ver el peso intolerable que llevó a la muerte a su hijo mayor. Sin embargo, este acto le hizo cambiar de posición, dejó de estar del lado de su marido y cortó la comunicación con él. Comenzó a hablar por sí misma.