Sergio, un niño hiperactivo

8:00. El desayuno.

Cada mañana, a las 7:45 h, Mª Jesús despierta a Sergio. Con los ojos todavía semicerrados, el pequeño entra en el baño y, tras asearse, se pone el uniforme. “Tengo que estar detrás de él continuamente, porque le tienes que ir diciendo lo que tiene que hacer y no una, sino dos y hasta tres veces”, explica la madre. En la cocina, se escucha ruido de tazas y cucharas. Luis, el padre, está calentando la leche y preparando un plato con galletas y magdalenas y un cuenco con cereales. “Yo me ocupo del desayuno y de dejar las camas hechas y la casa recogida”, explica.

En el salón huele a café y a bollos, y la mesa ya está puesta. Mª Jesús y Luis charlan con sus hijas Raquel, de 12 años, y Cristina, de 11. Todos cargan pilas sentados, menos el torbellino de Sergio que, mientras desayuna, está de pie jugando con una consola. “Él nunca come ni cena sentado. Además, siempre está haciendo dos cosas a la vez. Ya hemos aprendido que para él supone un gran esfuerzo estarse quieto y le dejamos más a su aire”, cuenta Mª Jesús. De repente, Sergio sale corriendo por el pasillo y da un brinco. “Sergio, por favor, lávate los dientes que nos vamos ya. Sergio, ya, no te lo digo más”, le dice por segunda vez su madre, mientras le mete los libros en la mochila.

8:40. De camino al colegio.

Luis lleva a Raquel al colegio a las 8:20 h y Mª Jesús se encarga de los pequeños. Sergio y su hermana Cristina se montan en el coche. “Ya he conseguido que por lo menos vaya sentado y con el cinturón puesto, porque hace un par de años, era un auténtico peligro. De repente, se ponía a saltar mientras el coche estaba en marcha o se pasaba al asiento de delante. Había momentos en que terminaba desquiciándome”, cuenta Mª Jesús. Ya en la puerta del colegio, el niño sonríe y sale disparado.

10:00. Clase de Conocimiento del Medio

Sergio estudia en el colegio Nazaret, un centro concertado situado en el madrileño barrio de Las Rosas. Está en 3º de primaria. Hoy, es martes y le toca Lengua, Conocimiento del Medio e Informática por la mañana y después de comer, tiene Ajedrez y Matemáticas. En el aula de 3ºC, decorada con murales multicolores, 25 niños, todos vestidos con babies verdes, siguen atentos la explicación de la profesora sobre el curso de los ríos.

En la primera fila, junto a la mesa de la maestra está sentado Sergio. “No me siento raro entre mis amigos, no tengo problemas con ellos, pero me cuesta concentrarme en clase y no puedo parar”, dice con una sonrisa. Sonia Salcedo, su tutora, le da clase este año por primera vez: “Los primeros meses fueron un poco complicados, porque tuvimos que adaptarnos el uno al otro y cambiar la forma de trabajar. Por ejemplo: cuando le quiero decir algo, tengo que mirarle a los ojos. Con él funciona muy bien el refuerzo cuando hace algo bien, porque le motiva. Otra modificación es que hay que simplificarle las tareas. Él no copia los enunciados de las preguntas, solo escribe el número de ejercicio, la página y la respuesta. Y esta semana, por primera vez, he probado a hacerle un examen oral en lugar de escrito, porque le cuesta mucho fijar la atención”.

La adaptación al colegio es uno de los mayores problemas con los que topan los padres con niños hiperactivos. Mª Jesús apunta: “El primer trimestre fue difícil. Al pasar de ciclo, cambió de profesora y le dieron una medicación nueva, por lo que no se adaptó bien. Tuve que explicarle a su tutora las pautas que nos da la psicóloga de la Asoc. de Padres con Niños con Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención. Pero sé que esto va a ser una lucha continua, porque falta información”.

16:30. ¡A jugar!

“¡Mamá, mamá. Mi tutora me ha puesto hoy una buena nota”, le grita Sergio a su madre a la salida del colegio. Mª Jesús abre la agenda escolar y en una nota se puede leer en letras mayúsculas: “Super, super bien. Campeón. Hay seguir así. Tú puedes. Ánimo”. “¡Qué bien Sergio. Estupendo cariño!”. De camino a casa en el coche, Sergio grita entusiasmado: “Mamá, ¿puedo jugar un rato al fútbol en el parque?” . Y solo cinco minutos después aparece vestido con la equipación completa del Atlético de Madrid.

17:30. Los deberes.

Tras jugar en el parque, llegan los deberes. Sergio despliega libros y cuadernos sobre la alfombra y se tumba en el suelo. A su lado, pendiente de él en todo momento, está Mª Jesús. El ejercicio dice: “Subraya en rojo los nombres y en verde los adjetivos”. Sergio no lo entiende. Entonces, Mª Jesús le explica, mirándole a los ojos, la función del nombre y del adjetivo con frases cortas y sencillas.

19:00. Una partida con la consola.


En la casa familiar, se oye una llave que gira en la cerradura. Es Luis, el padre, que acaba de llegar de trabajar. “Ha llegado papá, ha llegado papá”, grita Sergio saltando sin parar entre los sillones. Y sale corriendo a darle un beso y a contarle que su profesora le ha puesto una buena nota. “Muy bien hijo. Estupendo. ¿Jugamos juntos a la Play?”. “Sííííííííí”, contesta Sergio sin dejar de saltar. Para Luis, otro de los problemas a superar por los padres es dejar atrás los prejuicios relacionados con este trastorno: “Con el tiempo, hemos aprendido a que no nos importe lo que opinen los demás sobre el comportamiento de nuestro hijo.

Desde fuera, la gente considera que estos niños están maleducados. Y nosotros, los adultos, somos tachados de malos padres y pasotas, que les dejamos hacer lo que se les antoje. Pero hay que conocer el trastorno y los síntomas para darse cuenta de que las pautas y las disciplinas que se aplican para la mayoría de los niños no sirven e incluso pueden ser contraproducentes para un niño hiperactivo”, reconoce.

20:30. A dormir.

En la cocina, grandes y pequeños se han puesto los delantales y todos colaboran para preparar la cena: macarrones con tomate y salchichas. Mientras Luis pone el agua a hervir y Raquel busca el paquete de macarrones en la despensa, Mª Jesús prepara el colador para la pasta y Cristina empieza a poner la mesa en el salón. “Papá, papá, ¿puedo echar ya las salchichas?”, pregunta Sergio. “No, todavía no, espera que yo te aviso”. Media hora después, cenan mientras ven la tele.

A las 22:00 llega la hora de dormir. Los tres niños se van a la cama, aunque Sergio reconoce que “tardo mucho en dormirme, no puedo”. Es entonces cuando Luis y Mª Jesús aprovechan para compartir las experiencias del día. “Es nuestro momento de tranquilidad. Tener un hijo con TDAH afecta a la pareja y provoca roces y alguna discusión, porque llega un momento en que ya no puedes más y te desespera. Poco a poco, vamos aprendiendo a convivir y a mejorar la relación con este torbellino”, dice Mª Jesús.