Charlene Wittstock fue nadadora. Por eso, por su relación con el deporte, quizás Alberto de Mónaco creyó conveniente que el marco ideal para la presentación oficial de su novia eran unos Juegos Olímpicos. Concretamente los de invierno celebrados en Turín en 2006.


Pero Alberto y Charlene no son los únicos cuyo romance tiene un punto de conexión con la máxima cita deportiva a nivel mundial, los Juegos Olímpicos.

La Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín comenzaron a forjar su relación en Barcelona 92.

Carlos Gustavo de Suecia conoció a Silvia en Múnich 72 y Federico de Dinamarca quedó prendado de Mary Donaldson en los Juegos Olímpicos del 2000, celebrados en Sydney.


Cuatro parejas que se merecen, sin duda, una medalla de oro.