Javier Moreira, ingeniero agrónomo (40 años): "En enero me ascendieron en mi trabajo y me ha costado meses reaccionar. He tenido que aprender a tender un puente entre el aumento de responsabilidad profesional y el deseo de no querer perderme ni un momento del crecimiento de mis hijos y de mi vida de pareja. Ya sé que suena casi a un ejercicio utópico, pero lo intento. Por desgracia, el coste del ascenso profesional casi siempre recae siempre en la otra “media naranja”. Cuestionarse si debe o no ser así es un ejercicio baldío si se pretende vivir en esta sociedad. Para mí, la clave de la supervicencia es relativizar, no magnificar, y tirar de la experiencia que dan las canas, que es mucha".


LA EXPERTA OPINA
 

“Es preciso no condicionar la satisfacción profesional a un abandono de nuestras relaciones personales, porque en ellas podemos encontrar la felicidad. Actualmente, los hombres están tomando conciencia de su parte afectiva dentro de la familia, no sólo como soporte pasivo de unos gastos o de un estatus social. Ante un ascenso profesional, las mujeres canalizan mejor el estrés, porque tienen claras las prioridades, pero deben tener cuidado para no desatender sus obligaciones familiares y de pareja”.