La picaresca fue su aliada. La gaditana Carmen Bousada consiguió ser madre a la edad de ser abuela, 67 años. Cumplió su sueño porque se quitó 12 años de encima para recibir el tratamiento de fertilidad en la clínica Pacific Fertility Center de Los Ángeles, donde el límite está en los 55.

El guión requirió, además, recuperar el periodo y elegir óvulos y esperma en un catálogo. Buscaba la mezcla y se decantó por la “de una joven de pelo moreno y un rubio de ojos azules”. Bousada dio a luz a sus mellizos Pau y Christian en una clínica de Barcelona. Ahora, con tres años, son huérfanos. Su madre falleció hace unas semanas por un cáncer. Su caso reabre la polémica sobre los límites de la maternidad. Repasamos otras historias que ponen a la naturaleza contra las cuerdas.

Ocho más seis. Nadya Suleman siempre soñó con ser madre a lo grande. Y de hecho, lo ha conseguido porque a los 33 años tiene una prole de 14 hijos, concebidos por fecundación in vitro a partir del esperma de un “amigo de la familia”. El nacimiento de sus octillizos en un hospital de California este año ha sido tachado de locura y de proeza médica a partes iguales. Suleman, que quiere ser como Angelina Jolie, se había implantado seis embriones, de los que resultaron ocho niños, que nacieron por cesárea a las 30 semanas. Sus otros hijos tienen entre dos y siete años.

Papá y mamá, todo en uno. El norteamericano Thomas Beatie ostentó el título de “primer hombre embarazado de la historia”. Tuvo a su primer retoño en junio del año pasado e inmediatamente después se quedó encinta. O sea, volverá a ser “padre-madre” este verano. Beatie, de 35 años, que nació mujer, se sometió a una mastectomía en 2002 pero conservó intactos sus órganos reproductores. Esto les ha permitido a él y a su pareja, Nancy, ser padres, ya que ella no puede concebir debido a una extirpación del útero. La inseminación artificial, hecha en casa, hizo lo demás.

Madre y hermana. La hija de la abogada canadiense Melanie Boivin, de 35 años, será madre y hermana de su hijo si finalmente hace uso de los óvulos que le deja su progenitora para que pueda sortear la enfermedad genética que padece, el síndrome de Turner. Los contrarios a esta cesión de óvulos han señalado que este niño podría tener problemas de identidad, pero la madre donante lo ve claro: “Si tengo algo con lo que puedo ayudar a mi hija lo tengo que hacer, y por mi edad, lo tengo que hacer ahora”.

Una bisabuela muy maternal. Janise Wulf, estadounidense, tenía todas las de perder, pero ha salido ganando. Bisabuela, de 62 años, diabética y ciega, dio a luz a su duodécimo hijo en 2008. Es el fruto de su relación con su tercer marido, 14 años más joven que ella. Janise tiene 20 nietos y tres bisnietos. El mayor de sus hijos ya cumplió los 40. Toda esta experiencia le ha llevado a decir: “Pienso que soy mejor madre ahora que soy vieja”.

Vientre de alquiler. Helen Beasley ya era madre, pero se ofreció a través de internet como madre subrogada por 20.000 dólares (unos 15.000 E) y tuvo suerte. Fue contratada por los abogados de California Charles Wheeler, de 50 años, y Martha Berman, de 47. Ésta hubiera sido una historia más de “vientre de alquiler” si no fuera porque los padres se echaron atrás cuando descubrieron que Helen no esperaba un bebé sino dos. Wheeler y Berman le pidieron entonces que abortara y ella se negó. Las leyes de California permitieron a Beasley ceder los derechos de adopción.

Una hija negra. Thomas y Nancy Andrews se llevaron las manos a la cabeza cuando vieron que su hija nacida por “fecundación in vitro” en 2007 era negra. ¿Cómo podía ser si ninguno de los dos tiene este color de piel? La respuesta estaba en la clínica de fertilización de Nueva York, a la que denunciaron por negligencia. El error quedó en evidencia en los test de paternidad, que revelaron que Nancy había sido inseminada con el semen de otro hombre. Su explicación: “Nos sometimos a un procedimiento médico muy complejo sólo para tener un hijo propio. Nunca fuimos informados de que esto podía pasar”.

70 años no es nada. Omkari Panwar, esposa de un granjero retirado de la India dio a luz en 2008 a un par de gemelos a los 70 años. En el tratamiento de fertilidad, Omkari y Charan, su marido, invirtieron no sólo los ahorros de toda la vida, sino todos sus animales y tierras, que tuvieron que poner en venta. “Por fin, tuvimos un hijo. El tratamiento me costó una fortuna, pero el nacimiento de un varón lo valió”, afirmó la orgullosa madre.

Madre de sus nietos. A sus 42 años, la bibliotecaria Arlette Schweitzer podía haber sido madre o abuela. Pero, ¿y las dos cosas? Arlette prestó su vientre a su hija para que pudiera tener descendencia. Así que, en 1991, parió a sus nietos, los hijos biológicos de su hija y su yerno. Los gemelos se llaman Chelsea Arlette y Chad Daniel.

Esperma congelado. Nunca es tarde debió pensar la actriz mexicana Irma Serrano en 2003, cuando, a sus 70 años, se aventuró a una fecundación in vitro sin necesidad de donante anónimo. “La Tigresa” no tuvo más que usar el esperma congelado de su pareja, el empresario Alejo Peralta, fallecido en 1997. Su peripecia no se quedó aquí, porque la ex senadora convenció a una de sus sobrinas para que le prestara su vientre y alumbrar a un segundo bebé.

Ocho intentos, 62 años. A la octava fue la vencida. Tuvieron que pasar un aborto y seis intentos de “fecundación in vitro” para que la italiana Rosanna della Corte, de 62 años, pariera un niño. Era el sueño de toda una vida, después de que perdiera a su hijo de 17 años en un accidente. Corría el año 1994 y el responsable del nuevo nacimiento, el ginecólogo romano Severino Antinori, se cubrió de honores y de polémica. Su clínica es ahora mismo un referente para las mujeres cuya edad supera los 48 años y quieren experimentar la maternidad.

¿DÓNDE ESTÁN LOS LÍMITES?

No todos los países han dejado la puerta abierta a las modernas técnicas de reproducción asistida. Te decimos quién ha puesto los límites y dónde.

Nadya Suleman no habría podido cumplir su sueño en España. La Ley de Reproducción Asistida de 2006 prohibe a la receptora elegir al donante de semen. Sin embargo, ninguna “madre abuela” tendría problemas en nuestro país.
 
España tiene una de las legislaciones más progresistas de Europa, similar a la sueca. Ambas permiten la donación de óvulos y semen para la fecundación in vitro, la inyección intracitoplasmática de espermatozoides para problemas de fertilidad masculina y el diagnóstico genético preimplantacional para asegurar la normalidad embrionaria. No permiten el alquiler del útero, admitido, junto con las otras terapias, en Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Holanda, Rusia, Israel, India y EE. UU.

Alemania prohibe la donación de óvulos, el diagnóstico preimplantacional y la fórmula del vientre de alquiler; y en Japón, Italia y Turquía, no admiten la donación de óvulos o semen ni el alquiler de útero.

Bélgica, Gran Bretaña, Israel, Holanda y Estados Unidos aplican estas técnicas a matrimonios, parejas de hecho, solteras y parejas lesbianas. India y Rusia excluyen a estas últimas, y Alemania, Francia, Italia, Austria y Suecia, también a las solteras. Japón, Turquía y China las reserva para matrimonios. Y España, a toda mujer mayor de 18 años “con plena capacidad de obrar, con independencia de su estado civil y orientación sexual”.

Los gastos de los tratamientos corren a cargo de las arcas públicas en Bélgica, Francia, Israel y Suecia. En España, Alemania, Gran Bretaña, Italia, Holanda, Austria y Turquía, la cobertura de la Seguridad Social es parcial. Y en otros países, como India, Rusia, China y EE UU, simplemente no existe.