Las nuevas tecnologías, que facilitan las relaciones sin contacto, y el cambio en los hábitos de vida, que pone el énfasis en el bienestar, están provocando la aparición de nuevas adicciones psicológicas. Al principio, cualquier conducta adictiva es lo que los psicólogos llaman “un reforzador positivo”. Es decir, uno las adopta porque le hacen sentir bien. Pero ese bienestar está aliviando un malestar inconsciente.

“Se recurre a las conductas adictivas para calmar la ansiedad, el malestar de fondo”, comenta la psicóloga y terapeuta Victoria Cadarso, directora del Instituto de Terapias Integrales y Enseñanzas Energéticas (ITIEE) de Madrid. Los matices de ese malestar varían. En el caso de la adicción a internet o al móvil, la motivación puede ser la soledad, la dificultad de comunicación o el aburrimiento. Con las compras compulsivas se busca paliar la sensación de vacío con objetos bonitos.

EL PERFIL DEL ADICTO

Son conductas que se necesitan realizar cada vez más a menudo y que acaban convirtiéndose en la única forma de alivio. En ese punto, la persona está “enganchada”. Sin embargo, es posible que niegue su problema, incluso a sí misma, o que crea que lo “controla”. Pero los síntomas son claros: sensación de malestar e irritación si se sale de lo establecido, ocultamiento, obsesión, etc. En casos graves, puede llevar a problemas económicos, ruptura de relaciones e incluso a una depresión.

CÓMO TRATARLAS

Llega un momento en el que el adicto decide romper con esa conducta, al darse cuenta de que le ha causado más malestar que placer y debe buscar otras fuentes alternativas Para ello, puede recurrir a una psicoterapia individualizada, una terapia de grupo o alguna actividad lúdica que aleje la atención. “Hay que trabajar a fondo las creencias y valores que sostienen la adicción y sustituir los comportamientos por otros, que también proporcionen placer o alivien la tensión”, dice Victoria. Es decir, descubrir qué es lo que fluye por debajo de la conducta adictiva (problemas familiares, miedo a las relaciones...) y actualizar los viejos patrones.

¿DEMASIADAS POSIBILIDADES?

¿Por qué estas conductas son cada vez más frecuentes? Según Victoria Cadarso, “tenemos mucho donde elegir, pero en numerosas ocasiones no sabemos discernir qué es lo que más nos conviene entre esa inmensa oferta. Esto produce desorientación y ansiedad porque podemos escoger mal. Además, se ha perdido el contacto directo con las personas, pero paradójicamente es más fácil comunicarse con el otro extremo del mundo”.

QUÉ DICEN LAS CIFRAS

Aunque no hay demasiados datos sobre este tipo de adicciones, los existentes hablan por sí mismos:

El 39% de los estudiantes están “enganchados” a internet y el 29% se conecta más de cuatro horas diarias, de acuerdo con un informe de la Universidad de Granada.

El 56% de las mujeres y el 43% de los hombres están insatisfechos con su imagen y se sienten más desgraciados los días que no se ven guapos, según el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Murcia.

En España hay 44 millones de móviles, el mismo número que habitantes. La mayoría de los usuarios sufren si no lo llevan encima o lo usan a diario. El 30% de los niños lo utilizan diariamente, tal como señala la Asociación Protégeles.

El 3% de los consumidores viven las compras como una patología, afirma el Informe Europeo sobre Adicción al Consumo. El riesgo de comprar compulsivamente afecta, sobre todo, a mujeres en un franja de edad de entre 30 y 50años.