"Para mí, la felicidad es saber que mi hija está contenta y se encuentra bien. Si a ella la veo desgraciada, por muy bien que me vayan a mí las cosas, no puedo estar contenta. Hacer teatro, como “Ay, Carmela”, la obra que ahora represento, me satisface mucho, y salir a cenar con el que es mi compañero desde hace 26 años".

"Otras cosas que me gustan son charlar por la tarde con mi madre, leer un buen libro o tener uno en la mesilla, antes de empezarlo, cuando aún te ilusiona descubrir lo que hay dentro de sus páginas. Yo creo que para ser feliz hay que tener ilusión. La mayor ilusión de mi vida fue ser madre y cuando la cumplí me quedé tranquila. Es que yo, para la felicidad, soy muy práctica".