Relajarte sin hacer nada no significa “perder el tiempo” sino ganar energía y creatividad para nriquecer tu día a día.

Tomarse un respiro

Desde pequeños nos inculcan que debemos estar siempre “en marcha” y ser productivos. Pero la vida no es una carrera de obstáculos de los que sólo podemos escapar en vacaciones. Desconectar y hacer hueco diario para el descanso, el placer o la simple contemplación de lo que nos rodea hará que en nuestra agenda siempre haya tiempo para sonreír y disfrutar.

No se trata de ser vagos, indolentes o buscar una excusa para vegetar frente al televisor. De hecho, es todo lo contrario: cuando descansamos o estamos relajados, se activa el hemisferio derecho de nuestro cerebro. Mientras que el izquierdo controla facultades como el intelecto o la lógica; el derecho es el reino de la imaginación, la creatividad y el disfrute. Potenciarlo te ayudará a encontrar soluciones creativas sin agotarte y eliminará el aburrimiento de tu vida.

Párate y disfruta


Medita.
Aunque sea sólo una vez a la semana. Esta técnica es la más poderosa para dar “vacaciones” a los pensamientos. Si no sabes cómo hacerlo, apúntate a un grupo de meditación guiada, busca un DVD o medita con el cuerpo: ¡ve a que te den un buen masaje!

Sal del problema.
Cuando, por mucho que te esfuerzas, no encuentras una solución a algo que te preocupa, deja de pensar en ello, ocupa tus energías en otra cosa, consúltalo con la almohada, sigue con tu vida. No forzar la solución hará que ésta aparezca por sí sola. 

Tu oasis.
Los niños juegan. Y tú, ¿cómo te relajas? Una actividad que no sea práctica ni obligatoria, y sí tan placentera que acaricie tu espíritu, hará que te olvides de lo cotidiano por un rato y te sientas más equilibrada y reforzada.

Tira lo que sobra.
Las relaciones complicadas, los trastos inútiles o las viejas creencias son fardos que nos ponen de mal humor, ocupan demasiado sitio y dan mucho trabajo. Deshazte de ellos y tu espacio se volverá más grande y tu vida, más tranquila.

Date permiso.
Cuando no hagas nada, hazlo a lo grande, dándote permiso para disfrutar viendo cómo crece la hierba del jardín... Pero sin culpa ni cantinelas del tipo “debería estar haciendo”.