En todo cambio hay un renacimiento. Con 50 años aún seguimos siendo jóvenes.

A los 50 años, aunque no estamos en la juventud, nos podemos sentir jóvenes. Tenemos más sabiduría y también más tolerancia, tanto con nosotras como con los demás. Es ésta una edad de plenitud, pues nos conocemos más y mejor a nosotros mismos. Pero en esta época también se producen crisis. De las mujeres se dice que están en la “edad crítica”. También el hombre la tiene, pero es menos ruidosa. Ahora bien, las crisis no son una enfermedad ni implican que no haya salida; se trata más bien de una revolución interna promovida por la dificultad de abandonar una etapa anterior, conocida y segura, y construir otra. En todo cambio hay un renacimiento. Lo malo sería no registrarlo, porque sería como negarse a crecer.

La “madurescencia”

Se trata asimismo de una época de balance existencial. Si este balance arroja unos buenos resultados, estaremos en mejor posición para disfrutar nuestra “madurescencia”, que se produce a partir de la década de los 50. Este curioso término proviene de la unión de las palabras madurez y adolescencia, un periodo en el que nuestros cuerpos, al igual que sucede durante la adolescencia, sufren cambios.

La adolescente siente dentro de sí una ebullición que tiene que ver con los cambios corporales. A esa edad se pregunta cómo ser mujer, qué se espera de ella y qué es lo que ella quiere. A los 50, aparece una pregunta semejante: cómo enfrentar la menopausia, qué hacer ahora que la función de madre ya no ocupa tanto tiempo, ni tanto espacio. Al igual que sucede en la adolescencia, es muy importante que hagamos caso de lo que ocurre en nuestro cuerpo y aceptar sus cambios. La mujer madura puede ser rebelde y recapacitar hasta qué punto se ha dedicado a parecer y ha dejado de ser, y hasta dónde ha actuado según se esperaba de ella o de acuerdo a lo que en realidad deseaba.

Cuando a Elvira la llamaron de la empresa para decirle que tenían que prescindir de su puesto de trabajo, se sintió morir. No podía imaginar, que comenzaría la mejor época de toda su vida. Tenía 53 años, estaba atravesando la menopausia, pero se encontraba joven. ¿Qué iba a hacer ahora? La falta de reconocimiento le dolía y encima en esta edad tan mala, como todo el mundo se empeñaba en decir, donde ni era joven pero tan poco era tan mayor. Elvira se sentía tan frágil como una adolescente. Cómo reconciliarse consigo misma y con el mundo, cómo dejar de tener rencor por lo que le habían hecho.

Revisión parcial

Una noche tuvo un sueño en el que todo lo veía de color violeta. Se despertó con una agradable sensación de bienestar que no sabía a qué correspondía. Cuando estaba desayunando comenzó a pensar en el sueño y se acordó de que una amiga, la tarde anterior, la había invitado a ir a una exposición de pintura. A Elvira le encantaba. ¿Y por qué no se decidía a aprender ahora que tenía tiempo? Se apuntó en un taller y, nada más entrar en él y comenzar a oler los productos que utilizaban, comenzó a sentir que por fin había llegado a lo que había estado esperado tanto tiempo.

Dejó de sentirse invisible para mirar dentro de sí y una fuerza interna la llevó a colocar en nuevas actividades sus energías. Se apuntó a hacer gimnasia, a ir a conciertos, a leer más, a programar viajes con su marido, ir a exposiciones... Cuando comenzó a preparar su primera exposición, sintió que la vida le había dado una nueva oportunidad y que ella había sabido aprovecharla. Las mujeres, tal como afirma el psicoanalista Juan David Nasio, construimos nuestra feminidad a lo largo de la vida. Los 50 son un momento estupendo para revisarla.

CLAVES

Se llega a los 50 años en función de cómo se hayan vivido las etapas anteriores. En caso de haber fracasado en algún aspecto de la vida, aún hay tiempo para intentar llevar a cabo lo que siempre hemos querido.

Si la mujer ha tenido intereses múltiples (trabajo, maternidad, pareja, afi ciones...), podrá ahora ir colocando sus energías en aquellas parcelas a las que antes, por falta de tiempo, prestaba menos atención.

El amor a otro siempre nos invita a vivir. En esta época de la vida, una persona que se conoce a sí misma sabe lo que quiere. Si lo encuentra, ¿por qué no darse la oportunidad de volver a amar? Las relaciones amorosas en esta época son más habituales de lo que se piensa.

Cuando las crisis de la vida han sido superadas con éxito, la persona llega a los 50 irradiando esa placidez que tienen algunas mujeres que simplifi can todos los problemas y las angustias de la existencia.