Aunque, por definición, el sexo tiene como objeto la consecución de un “placer venéreo” por ambas partes de la pareja, lo cierto es que, según un estudio realizado por la Fundación Puigvert, el 60% de las mujeres sufrirán, al menos, una relación sexual coital dolorosa a lo largo de su vida, pudiendo aumentar este porcentaje en determinadas etapas de la vida, como el postparto o la menopausia.

El dolor sexual en la mujer se está convirtiendo en uno de los motivos de consulta más frecuentes en la práctica clínica diaria y, aunque se acostumbra a pensar que la disfunción sexual femenina es debida a la falta de líbido de la amante, es mucho más alta la incidencia de alteraciones sexuales asociadas al dolor que a la falta de deseo.

Las relaciones sexuales dolorosas, llamadas dispareunias, afectan tanto a hombres como a mujeres y se caracterizan por la aparición de molestias agudas antes, durante o después de la práctica coital, que pueden llegar, en las mujeres, desde una irritación vaginal hasta un dolor profundo.

En casi un 69% de los casos, el origen de los coitos no consumados lo tiene el vaginismo, una disfunción que se define como la imposibilidad de realizar la unión sexual debido a una contracción involuntaria de los músculos del tercio interior de la vagina y que, se estima, afecta a entre un 2 y un 4% de la población.

Durante ciertas etapas de la vida de la mujer, afirman desde la Fundació Puigvert, las consultas por este motivo aumentan, siendo momentos clave los años anteriores a los 20, al ver las jóvenes que tienen problemas para tener las primeras relaciones sexuales coitales, la etapa que va de los 30 a los 35 y que coincide con el momento en el que las mujeres quieren tener hijos y quieren solucionar la imposibilidad de la penetración; el postparto y la menopausia.

Sin embargo, aunque en ambos casos el origen del dolor sexual es físico, lo cierto es que en cualquier problema ginecológico que afecte a la vagina el componente psicológico es muy importante, pues existe un miedo asociado. Por eso, el apoyo de la pareja puede jugar un papel fundamental en la superación de las disfunciones.

La Dra. Mónica González asegura que en el caso de la dispareunia, una de los posibles tratamientos, además de soluciones farmacológicas a base de estrógenos, lubricantes o productos que mantengan la flora vaginal, es la realización de masajes, una tarea que puede llevar a cabo la pareja de la mujer afectada.

Aunque las disfunciones sexuales femeninas no son un tema tratado habitualmente, hay muchas mujeres que son conscientes de que las sufren pero, ya sea por una vergüenza infundada o por desconocimiento, no acuden al especialista e, incluso, dejan de tener relaciones coitales para evitar el dolor que les producen. Sin embargo, afirma la Dra. González, los tabúes sociales sobre sexo se están superando y cada vez se habla con más normalidad de la sexualidad de la mujer.