Susana Sánchez, camarera  (33 años): "Hace años tuve una experiencia muy dura con ese tema, y desde entonces no paso ni una. Salía con un chico y me enteré de que estaba a punto de casarse con otra. Vivíamos en ciudades distintas y estaba ciega, así que no me enteré. Cuando lo descubrí él siguió contándome mentiras para justificarse. Para el resto de la gente yo era la amante, pero yo iba con él por la calle tan contenta creyendo que era mi novio. Lo que más me molesta es saber que el otro te está contando una película y, para colmo, se la cree. Una mentira siempre necesita de otras pequeñas para sostenerse, por eso es tan fácil descubrirla y al final todo se sabe. Sé que en ocasiones una mentira piadosa ayuda. No hay por qué decir lo que estás pensando en cada momento, pero una mentirijilla lleva a otra y ¿dónde está el límite de la útil y la dañina? Yo creo que si no hay honestidad no hay amor".

EL EXPERTO OPINA 

Para Bolinches, "las más nocivas son las que se utilizan para perjudicar faltando intencionadamente a la verdad. Otro tipo son las reactivaspiadosas, que son justificables o no, según su intención. Por otra parte, la mentira de un inmaduro suele crear un problema mayor del que evita. Genera desconfianza y provoca el alejamiento de quienes podrían quererle".