Las razones por las que dos personas se aman son un enigma. Pero podemos intentar entenderlo si indagamos en el pasado, en nuestro psiquismo. Al buscar un compañero, intentamos revivir nuestras etapas felices, pero puede que se reabran marcas de vacío o desamparo.

Teresa no entendía por qué se había enamorado de un hombre que la agobiaba con tanto control. Siempre le preguntaba en qué se gastaba el dinero y quería saber dónde estaba en cada momento. Carlos, por su parte, se daba cuenta de que su mujer le ponía muy nervioso porque parecía una niña indefensa a la que tenía que controlar todo el rato. Discutían por esas cuestiones, pero acababan pidiéndose disculpas. Se querían y siempre resolvían sus problemas.

Cuando Carlos, después de un despido disfrazado de jubilación anticipada se quedó sin trabajo, entró en una profunda depresión y acudió a una psicoterapia. En el tratamiento descubrió las condiciones eróticas que habían determinado su elección de pareja y encontró respuesta a la pregunta que alguna vez Teresa le había hecho: “¿Por qué me quieres si no confías en mí y, a veces, me tratas como si fuera una inepta que no sabe lo que hace?”. Precisamente, esa inseguridad que atribuía a su mujer era una de las razones por las que la amaba. Había tenido una madre muy dominante con la que nunca se había sentido seguro. Carlos había buscado, para compensar esa inseguridad infantil y sentirse más fuerte como hombre, una mujer a la que pudiera controlar y sobreproteger, en un intento de escapar a la imagen infantil de su progenitora que, de alguna manera, todavía guardaba en su interior.

En cuanto a Teresa, aunque protestaba por el control que su marido ejercía sobre ella, no se atrevía a reconocer que lo que en apariencia tanto le molestaba venía a compensar un fuerte desamparo infantil, que siempre había sentido por parte de su padre. Cuando Carlos hizo consciente la necesidad que sentía de controlar a su mujer, no necesitó ya seguir haciéndolo y ella se sintió liberada. Carlos salió de la depresión cuando pudo poner palabras a lo insoportable que era para él sentirse inseguro, algo que le había provocado la prejubilación. La vida amorosa entre ambos continuó sin tantos altercados.

Identificaciones

Los cimientos de la pareja los organizan determinaciones inconscientes en las que se articulan las relaciones que hemos tenido en nuestra infancia con nuestros primeros objetos de amor. Estas determinaciones darán origen a pactos inconscientes y constituyen lo que los psicoanalistas Puget y Berenstein, expertos en pareja, denominan el “zócalo inconsciente”. Sobre él se levanta el edificio amoroso que los amantes construyen. Solamente si las identificaciones y los vínculos amorosos realizados en los primeros años de nuestra vida nos han conducido a una subjetividad sin muchos conflictos, podremos construir una saludable y gratificante relación de pareja. Conviene tener en cuenta, de todos modos, que aún en las mejores condiciones psicológicas posibles siempre existe la necesidad de sortear alguna que otra dificultad.

En los primeros momentos, un vínculo de pareja se caracteriza por la fusión y el entretejido de dos cuerpos que participan en la ilusión de ser uno. Cada miembro tiene ideas inconscientes sobre lo que para cada uno representa tener una pareja. Cada uno es propietario de un mapa amoroso según el cual va a elegir a su amado. Los deseos que pretenda cubrir le llevarán a encontrar a alguien que le haga presente lo que ha vivido con placer, pero también puede suceder que reabra marcas de vacío o desamparo ligadas a experiencias remotas de carencia afectiva.

El mundo emocional

En cualquier caso, la elección es mutua, el inconsciente del uno evoca lo que el otro busca. Por ello, al poco de encontrarse una pareja podemos oír frases como: “Es como si te conociera de toda la vida” o “sabía desde el principio que eras la mujer de mi vida”. Estas frases aluden a un saber inconsciente que no por desconocido deja de tener efectos sobre nuestros deseos. Lejos de ello, actúa sobre los actos más importantes de nuestra vida. Otra cosa es que aceptarlo nos conduzca a hacernos cargo de una vulnerabilidad que pocas veces estamos dispuestos a reconocer.

Las determinaciones inconscientes en la elección de pareja se ponen relativamente de manifiesto, por ejemplo, en esas mujeres que, aunque conscientemente no lo quieran, al final sólo les atraen hombres comprometidos, o en hombres que siempre acaban con mujeres que prefieren a otro.

Los cimientos de la pareja, en fin, se hallan enterrados en lo más inaccesible y profundo de nosotros mismos. Sobre ellos podemos construir una casa donde habite una relación amorosa buena, saludable y gratificante. Sólo tenemos que investigar un poco en nuestro mundo emocional, una tarea difícil pero, a la vez, apasionante.
¿QUÉ NOS PASA?

• Cuando tenemos graves dificultades en la relación de pareja, conviene refl exionar sobre los vínculos amorosos que hemos vivido en nuestra infancia.
• Nos podemos identificar más con la madre y repetir sin querer algo de cómo creímos que fue su relación con nuestro padre.
• También podemos elegir a alguien que evoca a uno de los progenitores, para así resolver algo que no pudimos elaborar psicológicamente con ellos.
• Si hemos sufrido conflictos en nuestra evolución emocional, el proceso para la emancipación necesaria con respecto al padre y a la madre no se produce de forma adecuada.
• Un sentimiento de culpa inconsciente puede conducir a una pareja a repetir justo aquello que más rechazaban en sus padres, y a sufrir

¿QUÉ PODEMOS HACER?

• Los reproches al otro sólo indican nuestra incapacidad para hacernos cargo de la parte de responsabilidad que nos corresponde en lo que está sucediendo. Si es posible, es preferible evitarlos.
• Resulta saludable aceptar que gran parte de nuestra vida amorosa se mueve en márgenes inconscientes, que no podemos controlar. Esta aceptación aliviaría la culpa que se siente frente a las dificultades que se sufren.
No somos culpables de las desgracias que sufrimos con la pareja, pero si somos responsables intentaremos resolver las dificultades.
En una pareja, lo primero que hay que aceptar es que ambos han participado en lo que les sucede.
Si se quiere conocer qué es lo que ha ocurrido, una psicoterapia de pareja ayuda a despejar los confl ictos que han provocado la situación.