Essie Weingarten, la reina del color

  • Essie Weingarte, directora creativa de Essie, levantó su empresa de la nada, haciendo de sus esmaltes de uñas una reafirmación de la diferencia. 30 años después ha triunfado y entre sus clientas están Madonna y la reina de Inglaterra. Para ella, sus colores son el auténtico lujo asequible.

Essie Weingarten es una mujer con presencia teatral. Viste de negro (con uñas azules). Es alta, de gran envergadura, con una melena gris, nariz con carácter y una perpetua sonrisa en los ojos. Te dice: “Cada día de mi vida he amado hacer lo que hago” y te lo crees. Tiene 63 años, pero da la sensación de que conserva intacta la energía con la que creó su primera colección en 1981. “Estaba aburrida de aquellos típicos rojos, rosas y corales de entonces, y pensé que a otras mujeres les debía de pasar lo mismo”. Así que buscó un químico, proveedores, una fábrica; se inventó una colección con 12 tonos sorprendentes y se fue a venderlos a la ciudad del pecado: Las Vegas. A mediados de los 80 ya había dado el salto internacional con su marca, en los 90 tenía más de 200 colores y los salones con su nombre proliferaban en todas las grandes ciudades de Estados Unidos. Finalmente, en 2010, L’Oréal le compró la empresa, pero la contrató a ella, su principal valor, como directora creativa de la marca.

Mujer hoy. ¿Qué fue lo más difícil de todo el proceso?
Essie Weingarten. Tuve muchos obstáculos, pero los convertí en oportunidades de oro. Nunca he aceptado un no por respuesta.

P. Déme algún ejemplo.
R. Por ejemplo, cuando fui al banco a pedir un préstamo para mi negocio, se rieron de mí y me dieron con la puerta en las narices, pero ese rechazo hizo que me lo tomara mucho más en serio. Así que estuve ahorrando durante un año para conseguir tener un mínimo capital inicial. Cada vez que perdía un cliente sufría mucho, hasta que me di cuenta de que, por cada uno que perdía, ganaba dos.

P. ¿De dónde sacó toda esa fuerza?

R. Mi padre murió una semana antes de que yo cumpliera los 16 años y mi madre tuvo que sacar adelante ella sola una familia de cinco hijos. Siempre había sido ama de casa, pero se metió en el negocio de mi padre y empezó a dirigirlo. Cuando le dije que quería montar mi propia empresa, me dijo: “Dedícale un año y si fracasas no pasa nada, no es ninguna vergüenza”. Y le contesté: “¿Estás de broma? Claro que va a funcionar”. Así que me convertí en una maníaca del trabajo. Me pasaba el día conduciendo con mi mapa de Nueva York, ofreciendo mi pequeño muestrario. Pero en 1983, de repente, empezaron a proliferar salones especializados en uñas y contraté a mis tres primeros representantes: uno para Manhattan, otro para Queens y otro para Las Vegas.

P. ¿Desde cuándo no se tiñe el cabello?
R. Solía teñirme el pelo muy a menudo, aunque lo odiaba y no entendía por qué jamás conseguía el mismo color dos veces. Probé todos los castaños de este mundo y me estaba volviendo loca. Hasta que un colorista me dijo: “¿No estarás tomando medicación contra la tiroides?”. Y yo le dije: “Sí, tomo Euthyrox”. “Pues ese es el motivo de que no se fije bien el color”. Y, ¿sabes qué? Dije: “Hasta aquí”. Mi madre casi se vuelve loca. “¿Pero cómo vas a dejar de teñirte?”. Poco a poco me fui acostumbrando, a mi marido le encanta y sé que a muchos hombres les parece que es sexy. Fue un punto de inflexión en mi vida hace 20 años.

P. El pasado año se inauguró la “flagship store” de Essie en el Upper East Side de Manhattan. ¿Qué tiene de diferente?
R. No es una tienda al uso para comprar, sino un lugar donde vivir una experiencia íntima y personal. En Nueva York todo el mundo está muy estresado, así que el salón de Essie es un lugar de verdadero relax y para mí... el último club de chicas.

P. Allí trabaja Josephine Allen, su manicurista de toda la vida.
R. Josephine es increíble, lleva 25 años haciéndome la manicura y es de la vieja escuela. Se sabe todos los trucos: cuándo empujar la cutícula y cuándo cortarla... Entiende las necesidades de cada tipo de uña. Nunca pone mucha laca en la brocha. Aplica la base y espera dos minutos; aplica un color y espera otros dos minutos siempre entre capa y capa. Confío totalmente en ella, de hecho es la que selecciona y entrena a todas las manicuristas que trabajan en el salón. Además, es capaz de evaluar cuándo alguien quiere hablar o necesita silencio: un gran talento.

P. ¿Es cierto que usted misma se inventa todos los nombres de los esmaltes?

R. Sí, todos.

P. ¿Y de dónde vienen? Por ejemplo, “Good morning, hope” (Buenos días, esperanza).

R. Es el color que hemos creado para apoyar a las mujeres que han pasado por un cáncer de mama. Hay toda una línea rosa con esta temática y un porcentaje de las ventas se dedica a apoyar a una ONG. Como sabes, si se detecta a tiempo hay muchas posibilidades de salir adelante, por eso, “Buenos días, esperanza”, es una manera de rendir homenaje a todas nuestras amigas que han pasado por ese trance y decir: cada día es un nuevo día y vendrán muchos más.

P. ¿Y por qué “My private cabana” (Mi cabaña privada)?

R. ¿No te gustaría tener algo de diversión privada? [Risas]

P. ¿“Wife goes on” (La esposa continúa)?
R. Hace siete u ocho años, todas mis amigas empezaron a divorciarse. La mayoría eran mujeres estupendas con más talento y más éxito que sus maridos, así que pensé en hacer una colección sobre el divorcio, pero no para llorar, sino para reírnos. Y añadí otros nombres como “Enough is enough” (Hasta aquí hemos llegado) y “My way” (A mí manera). Los nombres son determinantes y le dan personalidad a un color.

P. ¿Y por qué “Where’s my chauffeur?” (¿Dónde está mi chofer?)?
R. Especialmente ahora, con la crisis, me pareció un nombre divertido. En realidad, todas nos merecemos un chófer o un mayordomo. ¿No crees?

P. Sorprende que a pesar de la crisis, las ventas de Essie en Europa estén aumentando.

R. Es obvio. ¿Recuerdas la locura de hace cinco años, cuando todo el mundo estaba en la calle gastándose el dinero y endeudándose? Ahora es imposible, pero puedes comprarte un esmalte de uñas y sonreír. Es el auténtico lujo asequible.