Son muy pocas las elegidas y afortunadas que tienen unas piernas bonitas. Ni muy gordas ni muy delgadas, pero con forma; los muslos perfectamente dibujados y compactos, sin salirse ni un milímetro de su contorno y en línea descendente; las rodillas bien estructruradas, ni muy huesudas, ni por supuesto con cúmulos de grasa a los lados; las pantorrillas con armonía, afinándose, proporcionadamente, hasta llegar a unos tobillos finos… En fin, unas piernas de infarto.

La genética tiene mucho que ver en este asunto, pero con un poco de ejercicio y dosis de tenacidad puedes conseguir tonificar y fortalecer los muslos, afinar las pantorrillas y, en definitiva, moldear tus piernas. Eso sí, siendo conscientes de las posibilidades y límites de la madre naturaleza.