Katmandú sufre otra vez. Todos los que hemos tenido la suerte de conocer con tiempo y calma este lugar mágico compartimos las lágrimas de los nepalís estos días. Llevo años recomendando la visita a Nepal como mi lugar en el mundo a todos aquellos que me preguntan. Amo la morada de las montañas, el país de los Himalayas.

Al conocer las primeras noticias del terremoto-el más violento de los últimos 80 años- viajé inconscientemente hasta Pashupatinath, Boudhanath, , Durbar Square, Monkey Temple, las calles de los montañeros en Thamel…Mis recuerdos me llevaron por cada rincón pensando en ese ladrillo rojo ahora desmoronado y hecho añicos. ¿Cuánto de todo aquello quedará en pie? Los primeros datos sobre el número de víctimas del terremoto llenaron las páginas de los diarios digitales (ahora esa cuenta alcanza los 4.000 muertos y miles de heridos) y entonces recordé la mirada profunda y preciosa de los nepalíes. Un pueblo pacífico y sonriente, agradecido y pleno. Recordé el bebé que una madre me puso en los brazos en una de las plazas bajo la bandera de Pekín Express. Cómo jugamos con él, mi amiga y Mary y yo, hasta que nos dimos cuenta de que la "supuesta mamá" , en realidad su tía, deseaba que nos lo lleváramos para poder darle un futuro mejor. Recordé los crematorios cerca del río, el olor y la ceniza, las vacas, los perros, los monos y todos los ojos negros de los habitantes la ciudad.  

He estado tres veces en mi vida en Katmandú y sé que regresaré. De hecho, hay una historia importante de una futura novela que he situado allí. Este verano, paseando por las calles que han desaparecido bajo edificios enteros, pensaba que regresaría para quedarme unas cuantas semanas y escribir. La ciudad estaba más activa que nunca y visiblemente mejorada, recuerdo que me sorprendieron las nuevas aceras en algunas calles, la peatonalización del área monumental del centro de la ciudad y un mayor control del tráfico.

Katmandú es la ciudad en permanente construcción. Siempre intenta levantarse y siempre lo consigue hasta que la naturaleza vuelve a tumbarla. Leo en este momento las noticias de lo que aún no hemos visto. El país entero reacciona sin los medios necesarios a una tragedia que ha quebrado gran parte de su territorio, más allá de Katmandú, rompiendo, incluso, las laderas del Everest donde toda la furia de la naturaleza se hizo avalancha.  

​Las representaciones de Vishnu se agarran a las piedras de la capital esperando que una pala de excavadora se lleve siglos de historia. En la morada de las montañas, a su vez, moradas de los dioses hay un viento de luto y dolor. Nepal necesita ayuda humanitaria urgente, los campos de refugiados comienzan a extenderse, los hospitales no pueden asistir a todos los heridos y la lluvia ha llegado en el peor momento dificultando todas las tareas de rescate y desescombro. Cada hora que pasa destapa una nueva necesidad humanitaria urgente. Como en todas las catástrofes naturales, ahora mismo, las peores noticias están por llegar. Aumentará aún el número de víctimas, descubriremos poblados completos que se hundieron, nuevos refugiados llegarán a los campamentos, la situación sanitaria empeorará… La emergencia chilla desde el corazón de un mundo mágico. El techo del mundo ha temblado. Darle la espalda es, también, dar la espalda a nuestro cielo.

CÓMO AYUDAR

Son muchas las organizaciones humanitarias que han lanzado iniciativas para ayudar a los afectados por el terremoto de Nepal. Si quieres colaborar puedes ​contactar con organizaciones como UNICEF, MÉDICOS SIN FRONTERAS, SAVE THE CHILDREN, aunque hay muchas más. ¡No dejes de hacerlo! 

Raquel Sánchez Silva Comerse el mundo

Periodista, presentadora y escritora.

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Raquel Sánchez Silva Comerse el mundo

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"Comerse el mundo" es el título de este blog porque es pura filosofía de vida. En este lugar en el que vamos a encontrarnos quiero comunicaros, por encima de todo, los beneficios de mirar a este mundo con ganas de devorarlo para evolucionar, aprender, cambiar y experimentar todo lo bueno de la vida. Espero poder proponeros planes, ideas, soluciones, cambios, riesgos y experiencias que nos unan en un hambre común: conocer, sentir y vivir al máximo respetando a todos y queriendo siempre ser un poco mejores. Bienvenidos, comensales.

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