Hace unos días me preguntaron en una entrevista cuáles habían sido los 100 euros mejor invertidos en mi vida...

Elegir ese gasto entre todos los de una vida no fue fácil pero, finalmente, escogí un viaje muy especial (uno de mis mejores viajes para ser más precisa) pero tengo que reconocer que dudé entre aquella experiencia maravillosa, inolvidable y determinante y los primeros cien euros que utilicé para contratar una Salus. Eso os puede dar una idea de la importancia que le doy a lo que una Salus (enfermera o puericultora especialista en el cuidado de neonatos) ha supuesto en mi vida como madre primeriza. Decidí contratar una Salus porque mis amigas me aseguraron que, por muy fuerte que creyera ser, necesitaría mucha ayuda.  

Buscando en Internet, leí que el servicio de Salus nació precisamente para asistir a las mamás de parto múltiple. La charla con Carmenchu, otra mamá de mellizos, acabó de convencerme. Nunca olvidaré cómo, en los últimos meses de mi embarazo, me dijo textualmente "me lo hubiera quitado de comer, Raquel. Llegué a decirle a mi marido que me quitara cualquier cosa pero que me dejara a Lola (su Salus) dos semanas más". Muchas de las que estáis leyendo este post podéis pensar que exagero si no habéis sido madres aún, pero si cuentas con la ayuda de una Salus, es cierto que removerás lo que haga falta para tenerla una noche más en tu casa, aunque sea únicamente una noche más. La 'dependencia de una Salus' no sólo tiene que ver con las horas de sueño que ganas (ellas pueden ocuparse de una toma nocturna y permitirte cierto descanso) sino también el poder preguntar y aprender sin prisa a su lado. 

Yo he aprendido muchas cosas con Pepa, mi Salus pelirroja. La encontré a través de MySalus el portal que yo había visto recomendado en la Asociación Madrileña de Partos Múltiples AMAPAMU y que, casualmente, contactó conmigo para regalarme mis primeras noches de Salus y probar. Ximena y Raquel, almas de MySalus, me enviaron a Pepa (evidentemente la prueba se convirtió en algo fijo en estas primeras semanas de maternidad) . Mi Salus pelirroja trabaja en un hospital de Madrid pero llega a mi casa como si hubiera dormido veinte horas seguidas. Cuando mi energía se apaga a eso de las nueve de la noche, llega el alivio con ella. Juntas, nos repartimos el trabajo y nos ocupamos de acompañarlos hasta el sueño nocturno. Hasta ese momento, ella me enseña a cuidarlos mejor, a darles masajes anti-cólicos, a bañarlos como si estuvieran en su pequeño Spa, a alimentarlos de una forma cómoda y agradable para el bebé y a educarlos en la rutina de la noche tranquila y silenciosa. Los bebés la adoran. Veo cómo la miran y siento la tranquilidad que me permite también, en alguna noche señalada, salir a cumplir con algún compromiso fuera de casa.

Ahora entiendo a Carmenchu , Macarena, Cristina y a muchas amigas que me aseguraron que tener una Salus en casa con dos mellizos sería imprescindible. La logística de la maternidad reciente es clave para poder vivir este periodo. Tengo la suerte de poder tener una Salus que me ayuda y sé, con una total seguridad, que este será el regalo que yo haré a todas las mamis futuras que desee felicitar. Ni pañales, ni ropita de bebé, ni cremitas, ni aceites, ni nada parecido…Una noche de Salus para que mis mejores deseos acompañen los sueños necesarios de esa madre que necesita descansar. 

​Mientras escribo este post ya de madrugada, escucho a Pepa cantar muy bajito su canción infantil favorita: 

"Para dormir a un elefante / se necesita un chupete gigante / un sonajero de coco / y saber cantar un poco…Para dormir, para dormir…". 

Me duermo, Pepa (bostezo gigante). Hasta mañana.

Raquel Sánchez Silva Comerse el mundo

Periodista, presentadora y escritora.

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"Comerse el mundo" es el título de este blog porque es pura filosofía de vida. En este lugar en el que vamos a encontrarnos quiero comunicaros, por encima de todo, los beneficios de mirar a este mundo con ganas de devorarlo para evolucionar, aprender, cambiar y experimentar todo lo bueno de la vida. Espero poder proponeros planes, ideas, soluciones, cambios, riesgos y experiencias que nos unan en un hambre común: conocer, sentir y vivir al máximo respetando a todos y queriendo siempre ser un poco mejores. Bienvenidos, comensales.

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