Las miradas de todo el mundo estaban puestas en ellos. La boda de Kate Middleton y Guillermo de Inglaterra tuvo un extenso anecdotario a pesar de las elegantes formas que presidieron la ocasión.
 

Algunos detalles pasaron desapercibidos, otros no tanto. Y es que la boda de Kate y Guillermo estuvo llena de anécdotas. 

Entre ellas, la llegada de Guillermo de Inglaterra a Westminster. El príncipe llegó con su hermano Enrique y, algo nervioso, no se paró apenas a saludar a la concurrencia.

Sin embargo, el mayor de los hijos de Carlos de Inglaterra y Lady Di no tuvo problemas para saludar al hermano de ésta y tío suyo, el conde Spencer, saltándose el protocolo.

Después, la llegada de Pippa Middleton a la abadía de Westminster, causó un pequeño 'shock' por su elegancia. La hermana de Kate Middleton protagonizó algunos de los mejores momentos, paseando con una seguridad y un aplomo increíbles.

Los pajes que acompañaron a la novia tampoco desentonaron y se comportaron como unos pequeños caballeros y señoritas no perdiendo las formas en ningún momento y saludando como si tal cosa al público.

En el hotel donde esperaba la novia para salir, Kate Middleton guardaba unos minutos más la gran incógnita de la ceremonia: su vestido, que al final fue de Alexander McQueen.

Kate salió debajo de una gran carpa para que no se supiera su corte y estilo. Una sorpresa que la novia le tenía preparada a Guillermo de Inglaterra: no saber hasta la entrada a la abadía como sería su vestido.

De hecho, las prisas y los nervios hicieron que Kate Middleton tuviera problemas a la hora de meterse en el Rolls Royce One propiedad de la familia real británica. Por dos veces tuvieron que cerrar la puerta trasera del coche hasta que el vestido cupo dentro.

Durante la ceremonia, las risas, las miradas y los guiños cómplices entre Kate y Guillermo no se hicieron esperar. El príncipe llegó a dedicar una intensa mirada a su prometida durante uno de los cantos que llamó la atención por su ardor.

Tras el "sí, quiero", Guillermo sufrió para colocarle el anillo a Kate Middleton en el dedo anular de su esposa, ante la sonrisa de ésta.

A la salida del templo, el príncipe tuvo algunos problemas para subir a la carroza tirada por caballos que llevó a la pareja hasta el palacio de Buckingham, en un recorrido por el centro de Londres.

La carroza dio la impresión de que podía volcar en el momento en que Guillermo puso pie en el estribo para subirse.

Ya camino de palacio, uno de los jinetes de la guardia real que escoltaron al matrimonio se cayó de su montura, afortunadamente sin consecuencias serias para el soldado.

Ya en el balcón del Palacio de Buckingham llegarían algunos de los momentos más espontáneos de la pareja. Kate Middleton literalmente alucinó con la cantidad de gente congregada y exclamó un "Oh my..." pero no continuó con el 'God' (Dios) preceptivo.

Después de saludar a la concurrencia los novios se miraron e hicieron la cuenta atrás para darse el beso por el que serán recordados. 

O mejor dicho, uno de ellos, porque momentos después Guillermo de Inglaterra le pidió un nuevo beso a Kate Middleton... Y ésta se quedó sin palabras. El segundo beso fue aún más espontáneo que el primero.