Una vez más pensó en él y lo soñó. …Con su mirada clara infinita… Escuchó su voz, tan suave como el aroma delicioso de una flor. No supo qué le decía, pues no eran sus palabras, era su esencia lo que la deslumbraba.

Era un delirio estar a su lado como ella quería. Lo que para las rosas significaría volar o para las doñas que fueron antes doncellas, significaría florecer… Era tan hermoso sentir su presencia aunque estuviera lejos, era como sentir su alma viajar y a la vez…su cuerpo dejarla desprender.

Una vez le vio venir en su ensueño. Es tan triste levantarse y caer en el suelo, sabiendo que sólo fue un sueño. Venia a ella vestido de blanco y sonriendo. Era un campo cubierto de flores de colores, con muchos arbustos y árboles inmensos cuya presencia de la primavera les hacía verse tan felices.

La tomó de la mano y la miró. Seguía sin decir ni una palabra, pero ella podía oír su voz, tan cálida…era como si pudiera hablarle a través de su pensamiento, como si hubiesen estado conectados por un hilo infinito, tan delgado que no se hacía notar, tan fuerte como el amor.

La miró y mostró una leve sonrisa. Sin tocarla, la besó. Luego soltó su mano y se perdió en el infinito. Ella pudo ver desaparecer las bellas flores, los diversos colores, los inmensos árboles… …Entonces se halló sola en medio de su furor.

Cada día anhelaba la noche sólo para encontrarse con su amante, a veces suyo, a veces del viento. Cada noche viajaba a un lugar distinto, cada uno más hermoso que el anterior y más real. Otra noche pudo sentir la bruma del mar en su cabello, su fuerte olor. A lo lejos alguien toca una flauta y una gaviota vacila sobre la orilla. Su mirada se pierde en el infinito su alma se hace liviana, sus ojos lo buscan, pero, no lo ve, ¿dónde estas? Pregunta su corazón entumecido… la agudeza de su sentido perfecto busca su aroma, sus ojos se cierran y logra sentirlo… tan tibio como siempre, tan cálido, tan dulce. Una lágrima que vagó por su rostro voló, y se unió con la bruma…

La tarde comenzó a caer y con ella quiso esfumarse el calor, pero él la arropó con sus brazos. Suave y como una rosa marchita comenzó a caer sobre la arena aun cálida por la tarde ya corriendo tras el olvido. Se deslizó de entre sus brazos y quedo casi confundida con la espuma ya apurada por llegar hasta sus pies…él, mirándola caer, se inclinó y antes de sentirse adelantado por la espuma, la acarició suavemente dejándose llevar por el susurro del viento…al tocar su rostro, el tiempo que hasta el último segundo fue real y maravilloso, se tornó ilusorio, pero fantástico. Los ojos de ella, tan fijos. Su cuerpo tan terso y suave, un reflejo del cielo que yacía estrellado contemplando. Una ola magnánima vino…y los arropó convirtiendo dos cuerpos en uno, el cuerpo de ella se hizo de él. El cuerpo de él se hizo de ella.

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