Hola Papi, ¿cómo estas?
Quisiera compartir contigo en este día lo feliz que estaba cuando mi mamita me concebía en su pancita, y lo contento que estaba al saber que tu ibas a ser mi papito. Otra cosa que me llenaba de orgullo era el amor con el que fui concebido. Todo parecía indicar que iba a ser el niño más feliz del mundo.

Cuando pasaron dos meses y medio de mi concepción, ya tenía mis manitas. Estaba feliz por jugar con ellas. Pero no entendía nada, ¿por qué mamá lloraba tanto por las noches? ¿por qué cuando tú y mamá se veían se gritaban tanto? ¿Porque ya no me querían? 

Papi, pasaron tres meses y notaba a mi mamita muy deprimida, no entendía que pasaba, estaba muy confundido. Un día fuimos con el doctor y le dieron a mi mamita una cita. ¿por qué llevaste a mi mamita al doctor? ¿Qué pasaba, por qué invadieron mi casita? ¿por qué me quitaron mis manitas y mis piernitas? ¿Por qué no estabas ahí para protegerme? ¿Por qué no me defendiste, no me ayudaste? ¿Por qué no te diste cuenta que todavía estaba muy chiquito y no podía defenderme?
 
Papi han pasado cuatro meses desde aquel día, y yo desde aquí, te observo como todavía te duele esa decisión que tomaste junto a mi mamita. Papi, quiero que sepas que mis ojitos están siempre dirigidos a ti y te observan noche y día, desde mi refugio, aquí en el cielo. Papito desde aquí te digo, Mis manitas estaban ansiosas por sentir tus manos. Nunca llegue a conocerte pero esperaba con ansias crecer...¡para parecerme a ti!

Papi: ¿Por que? ¿Por qué no me dieron la oportunidad de darles mi amor, mi risa, mis caricias...? ¿Por qué me hicieron esto si era tan débil e indefenso, e incapaz de defenderme? ¿Porque si tenían tanto amor que entregar?

Te gritaba que me dieras amor, mas no me escuchabas. Siendo tan pequeño, vivía muriendo de dolor al sentir tu rechazo. No podía ser posible, tú, quien me dió la vida, lentamente me condenabas. Era tan pequeño y anhelaba tanto un abrazo tuyo papi, Añoraba ese beso que nunca se dio. El buen padre se sacrifica por sus hijos, vela por su bienestar, los apoya, los aconseja en sus proyectos, los motiva, y sobre todo, les da un buen ejemplo.
 
Papi nunca viste en mí que era tu compañero para esos años de soledad. El día que llegues a viejo y no seas el mismo, hubiera tenido paciencia y comprensión. Cuando derramaras la comida sobre tu camisa y olvidases cómo atarte los zapatos, hubiera estado yo, recordando las horas que pasaste enseñándome a hacer las mismas cosas. Si cuando conversaras conmigo, repitieras y repitieras las mismas palabras que yo sabría de sobra cómo terminan, no te interrumpiría y escucharía.

Cuando nos hubiéramos reunido y sin querer hicieras tus necesidades, no me hubieras avergonzado, te hubiera comprendido ya que no tendrías la culpa de ello, pues ya que estaría fuera de tu control. Recordaría cuantas veces cuando niño tú me ayudaste y estabas paciente a mi lado esperando a que yo terminara lo que estaba haciendo. No te reprocharía porque no quisieras bañarte, no te regañaría por ello. Recordaría los momentos que tu me perseguías y los mil pretextos que me inventabas para hacerme más agradable mi aseo.

Te hubiera aceptado y perdonado.
Ya que el niño serias tú ahora. Cuando te sintieras inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podrías entender, te daría todo el tiempo que fuera necesario para no lastimarte con mi sonrisa burlona. Recordaría que tú fuiste quien me enseñó muchas cosas que entonces me asombraban. Cuando te fallaran tus piernas por estar cansadas para andar, te hubiera dado mi mano para que te apoyaras como lo hubieras hecho tú conmigo. Cuando hubiera empezado a caminar con mis aún débiles piernitas. Comer, vestirte y la educación para enfrentar la vida tan bien como me la hubieras guiado tú, si hubiera vivido.

Todas las metas y sueños que hubiera cumplido hubieran sido producto del esfuerzo, amor y perseverancia que tú hubieras dedicado. Por último, no quiero que te sientas culpable cuando leas esta carta o cuando algún día recuerdes que podrías haberme tenido a tu lado. No te enfades contigo mismo, ni te sientas mal, ni te reproches no haber apoyado mi nacimiento. Yo te perdoné y entendí que tu decisión de no luchar por mí, no tuvo que ver con el cariño hacia mi, o con cuánto me querías sino a que te sentiste incapaz, que ya no vivías sino que sobrevivías, y que eso para ti no es vivir, sino tratar de dar lo mejor a mis hermanos. Que siempre quisiste lo mejor para mi y que sentías que ya no podías preparar el camino que yo debía recorrer. No te sientas triste o impotente por haberme dejado ir.

Yo desde aquí los cuido, y siempre pediré a mi padre Dios que los bendiga a los dos, y a mis hermanitos a los cuales no conocí, pero que los siento tan parte de mi cómo a ustedes. Les pido que mi partida allá sido para un bien, y que se apoyen siempre.

Papi ya no sufras, tú eres y serás el mejor padre del mundo,
acuérdate que te quiero mucho y aquí te estoy esperando con muchos abrazos y besos. Te Quiero Mucho, 

Desde el cielo, Tu Bebé.