El ranking de las historias más ridículas protagonizadas exclusivamente por mujeres tiene una campeona indiscutible este año. La huelga de sexo de las mujeres en Kenia. Para que los hombres hagan la paz, ha dicho las promotoras. Ridícula no sólo por lo que toca a ellas, sino por lo que concierne a los medios europeos que con tanto alborozo han aireado y celebrado la patochada.

Tantos años reivindicando la igualdad sexual y resulta que las keniatas y su divertido coro de espectadores europeos dan por supuesto que el sexo es cosa de hombres. En lo que a deseos y placeres se refiere, al menos. Y lo de ellas es una especie de servicio exclusivo que las mujeres ofrecen cuando están de humor o ellos se lo merecen.

“Ni Putas ni Sumisas” se llama un movimiento feminista francés liderado por Fadela Amara, la actual secretaria de estado de Nicolas Sarkozy, que trabajó en este movimiento para denunciar la opresión que sufren las jóvenes inmigrantes de los barrios marginales, especialmente la de índole sexual y en sus propias comunidades. Nunca me gustó el nombre “Ni Putas ni Sumisas” por lo que me parecía de concesión a la vulgaridad o a la publicidad fácil. Pero veo que Amara, hija de inmigrantes argelinos, sabía y sabe de lo que habla y algo podría decir a los que tanto se han divertido con la huelga de “servicios sexuales”.

Y si a alguien se le ha ocurrido que la peregrina iniciativa africana pueda ser propia de una cultura de discriminación de las mujeres, la mala noticia es que ha sido promovida por una asociación feminista, la G-10, y por mujeres de las élites keniatas, incluida la mujer del primer ministro. Para que él haga la paz, que ya se ocupa ella del sexo.

Claro que hay otra parte en esta historia y es que Kenia es uno de los países donde aún se practica con profusión la ablación de clítoris, hasta el 50% de las mujeres sufren sus efectos. Lo que me hace pensar en la posibilidad de que incluso las mujeres cultas, modernas y feministas de ese país puedan ser víctimas del mensaje difundido por esa salvaje mutilación. Que el placer sexual es un derecho de los hombres. Y ellas son unos meros objetos de uso masculino, sin derecho al placer, pero, eso sí, ahora con derecho a la huelga.

P.D.: la ablación del clítoris o mutilación genital femenina aún se practica en más de la mitad del continente africano. Se calcula que unas 8.000 mujeres y niñas se someten a ella y sufren sus consecuencias a diario y cerca de 100 millones de africanas ya son sus víctimas.