ME DESAGRADA la moda dominante del naturalismo, esa corriente que se empeña en identificarnos con los animales y en que imitemos los modos de vida de la naturaleza; sin que la cultura, específica de los seres humanos, parezca marcar diferencia alguna y, lo que es peor, con especial querencia por las mujeres y por emparentarnos con las hembras del reino animal. Esta moda incide muy especialmente en asuntos como la sexualidad o la maternidad, que siempre acaban en la conclusión de lo “naturales” que son los comportamientos de hace varias décadas, cuando las mujeres apenas tenían un papel social. Porque así nos lo muestran las hembras de todo tipo de primates.

POR ESO ME HAN PROVOCADO una sonrisa, malévola, lo reconozco, algunos estudios recientes sobre animales machos con comportamientos que, como se empeñen los naturalistas, pueden poner de los nervios a los hombres. Curiosamente, se trata de investigaciones realizadas por mujeres y no puedo dejar de imaginar en ellas un pequeño deseo de venganza o de ironía sobre los tradicionales modelos de la naturaleza.
 
Por ejemplo, hay un estudio sobre los machos de los macacos de Berbería que demuestra que son unos excelentes papás: aún más, que son los únicos que se ocupan de las crías, entre otras cosas, porque eso eleva su estatus social. Tanto es así que, sin crías, los machos no son nadie entre sus pares. Y hay otras investigadoras, mujeres también, que han descubierto otros estupendos papás entre diversas especies animales, como los titíes comunes y los tamarinos. Y algunos otros animalitos cuyo nombre jamás había oído. Todos llenos de instinto paternal, con machos volcados en sus crías y hembras con un instinto maternal más que cuestionable.

NO CREO QUE EL COMPORTAMIENTO de los papás macacos, de los titíes o de los tamarinos llegue a fructificar, sin embargo, en sesudos artículos y libros sobre lo natural que resulta el instinto paternal en los machos de la especie humana y sobre lo lógico y lo deseable que es que se adapten a ese rasgo concreto de su naturaleza. Y es que se busca en la naturaleza aquello que interesa y que conviene. Y aquello que no pone en cuestión nuestros valores dominantes. Y estos papás macacos son unos disolventes.

P. D.: Las mamás titíes y las progenitoras tamarinos son otras disolventes. Su actitud echa por tierra décadas de teorías acerca del instinto maternal: en ambas especies, las madres quitan la comida a sus crías, mientras que son los machos los que renuncian a ella para dársela a su progenie.