Mi mamá me mima

  • Paseando a su bebé por el centro de una gran ciudad, mi amiga Eva se encontró el otro día a varias decenas de madres dándoles el pecho a sus hijos en plena calle. Se trataba de un amamantamiento colectivo para reclamar bajas maternales de seis meses, que se ajusten al tiempo que la Organización Mundial de la Salud recomienda alimentar a los hijos con la leche materna. Eva se sentó a charlar un rato con algunas de esas mujeres. Todo resultó muy amigable hasta que se le ocurrió contar que ella, al tener a su hijo, había optado por el biberón. Entonces un grupito de esas madres la atacaron sin piedad.

¿Estás loca? ¿Cómo se te ocurre? ¿Es que no quieres lo mejor para tu hijo?”, le dijeron. Eva se quedó de piedra. No había manera de razonar, de decirles que no tenía tiempo ni para dormir o que le dolían terriblemente los pechos, o que en el trabajo todo eran problemas para cogerse las horas de lactancia. Así que a mi amiga no le quedó otra que ponerse a su altura. “¿Y a vosotras?, –les soltó–. ¿No os da vergüenza vivir en una gran ciudad? ¿No sabéis que existe un 40% de posibilidades que vuestros hijos nazcan con daños en el ADN por culpa de los hidrocarburos de la contaminación y que eso los convierta en niños algo menos inteligentes que los demás?”. Las dejó con la boca abierta, se levantó y se fue con toda la dignidad que pudo recoger en el biberón de su hijo.

El cáncer, la esquizofrenia, la ansiedad, la depresión, la obesidad, la diabetes... Los últimos estudios científicos parecen mostrar que los nueve meses de gestación afectan al niño mucho más de lo que creíamos hasta ahora. No se trata sólo de ponerle música de Mozart o Vivaldi en los cascos al feto para estimular sus neuronas, ni de mirar el humo del tabaco como al peor enemigo, ni al alcohol o los embutidos. Por lo visto, si durante la gestación tu nutrición está desequilibrada, se marca en la ruleta del bebé la casilla de una futura enfermedad coronaria.

Si estás pasando una época con algo más de estrés del habitual, puedes provocarle tendencia a la esquizofrenia. Si el embarazo te pilla con un poco de sobrepeso, estás condenado a tu hijo a ser gordo desde el mismo momento en el que nace (de hecho, en madres obesas, los hijos nacidos tras la cirugía reductora de estómago son notablemente más delgados que sus hermanos).

P. D.: Por si no tuviéramos suficiente presión por ser mujeres, el embarazo nos expone aún más. Basta ya de talibanes de la maternidad, porque con nuestra autoculpabilidad constante ya es suficiente. ¿Cómo alguien puede dudar que una madre en sus cabales haga algo ex profeso para dañar a su bebé?