Las mamíferas, por Edurne Uriarte

  • Un titular de un importante medio alentaba hace poco a la recuperación de nuestras esencias mamíferas. Y, como siempre, la cosa tenía truco de género porque se refería a las mamíferas y no a los mamíferos. Es decir, que las que debíamos volver al estado de naturaleza éramos más bien nosotras, claro está. En este caso, para amamantar a los niños y desechar el biberón.

Lo que volvió a renovar mi inquietud ante esa avalancha de naturalismo que presiona a las mujeres durante los últimos años. Como si siglos de búsqueda de la sustitución de la naturaleza por la cultura, la ciencia y la razón no fueran con nosotras.por eso me ha reconfortado tanto leer un fantástico libro de la filósofa francesa Elisabeth Badinter Le conflit, la femme et la mère (el conflicto, la mujer y la madre).

Y me ha alegrado aún más que este libro haya sido tan bien recibido por los franceses y que se encuentre en la lista de libros de no ficción más vendidos en Francia. Porque Badinter denuncia precisamente eso, el retorno del naturalismo y la tremenda presión que se ejerce de nuevo sobre las mujeres para que sean madres perfectas de acuerdo con las leyes de la madre naturaleza. Para que sacrifiquen sus deseos de libertad, sus impulsos individualistas, sus metas profesionales, para que sean madres antes que mujeres.

Lo que, además, piensa Badinter, está teniendo un notable éxito, porque los naturalistas cuentan con un arma incomparable: los sentimientos de culpabilidad que sufren las madres.ironías de la historia, escribe Badinter, en el momento en que las mujeres occidentales han conseguido librarse del patriarcado se encuentran con un nuevo dueño en el hogar al que deben sacrificarlo todo, el niño. La maternidad se vuelve más exigente que nunca, la buena madre es la que condiciona su vida y sus objetivos a los niños. Lo que desmonta, a su vez, décadas de trabajo para desarrollar un cuidado de los niños compartido con las parejas.

Una nueva concepción de la maternidad/paternidad basada en la misma importancia de ambos roles y en la dedicación similar del padre y de la madre. Todo lo que lleva a Badinter a terminar su libro con una pregunta que me parece muy necesaria: ¿sabrán las mujeres imponer sus deseos y su voluntad frente al discurso rampante de la culpabilidad?

P. D.: El naturalismo imperante ni siquiera se corta a la hora de mentir abiertamente a todas las mujeres cuando afirma cosas como, por ejemplo, que la lactancia materna hace que los niños sean más inteligentes, una afirmación que ha sido negada por la investigación científica.