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La falta de empatía, entre los factores que caracterizan a los menores ciberacosadores

Los ciberacosadores son incapaces de ponerse en el lugar de otro. Si no comprenden el alcance de sus actos sobre sus víctimas, será muy difícil que paren. En consecuencia, los padres deben estar muy atentos si sus hijos muestran una actitud dominante, agresiva o indiferente ante el sufrimiento ajeno, porque puede ser la señal de un comportamiento abusivo que hay que atajar y reconducir.

G. Toca

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Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Luxemburgo y del Instituto Tecnológico de Berlín revela que los niños que acosan con la ayuda del móvil y la red suelen asumir que los lugares del ciberespacio donde se ridiculiza a los demás son divertidos o alucinantes, que la gente que es amenazada y acosada por internet o por teléfono se lo merece y que cualquiera tiene derecho a publicar lo que se le ocurra -sea ofensivo o no- en su espacio virtual. Todos ellos son aspectos a los que los padres, profesores o compañeros de clase han de estar muy atentos para identificar a los menores que, amparándose muchas veces en el anonimato, atacan a otros mediante las nuevas tecnologías. 

La falta de empatía de un menor o un acceso escasamente controlado al teléfono o la red son solo algunas de las señales que pueden hacer saltar la alerta a padres y tutores y que empiecen a tirar del hilo para saber si hay algo más detrás de estas conductas. Si, por ejemplo, su hijo o su hija solo les importan las lágrimas de sus hermanos cuando se las han provocado ellos, ahí hay una pista. Si, cuando le cuentan que se ha producido una pelea en la escuela, el que recibe los golpes siempre se lo merece, ahí tienen otra. La tercera pista la pueden encontrar si, por ejemplo, observan que su hijo o hija no sabe resolver conflictos sin violencia, insultos o menosprecios dentro y fuera de casa. Si estas señales les llevan a creer que el menor está desarrollando un comportamiento inadecuado, como puede ser el acoso a otros compañeros de clase o conocidos, habrá llegado el momento de mirar su teléfono y su actividad como usuario en las cuentas de correo y redes sociales para confirmarlo.

Los expertos recomiendan que este control sobre la actividad digital de los hijos no sea presentado como un castigo y que los padres no recurran, más que como última opción, al software de espionaje. La mejor fórmula es siempre la comunicación,  que sepan que confiamos en ellos y que preferimos que nos cuenten directamente lo que está ocurriendo a enterarnos por terceros de que están protagonizando un caso de acoso.Una incursión no explicada o aparentemente injustificada en su intimidad puede complicar la relación entre padres e hijos adolescentes o preadolescentes y dificultar la resolución de cualquier conflicto o conducta.

Hasta dónde llega el ciberacoso

Además, una vez confirmado que nuestro o hija es autor de un caso de ciberacoso, habrá que preguntarle para comprender el alcance del mismo. ¿Por qué empezó? ¿Hasta dónde ha llegado la agresión digital a la que está sometiendo a ese otro niño o niña? ¿Por qué cree que el niño o niña al que ha acosado se lo merecía? ¿Atribuye toda la culpa del inicio del problema a la víctima o él también es responsable del?¿Conoce las consecuencias que han tenido sus acciones para quien las ha sufrido? ¿Se arrepiente de algún modo?

Por supuesto, las familias deben entender que las pistas sólidas son solo indicios, y que tener un conflicto no es lo mismo que ser conflictivo. Es decir, hay que diferenciar entre un conflicto puntual en la red y un caso de ciberacoso

Sameer Hinduja y Justin W. Patchin, del Cyberbullying Research Center, recuerdan que si las amenazas, humillaciones y ofensas no son continuadas, voluntarias y comportan cierta gravedad, no hay cíber-acoso. Los adultos, igual que los niños, podemos faltar puntualmente al respeto a alguien en internet, participar por WhatsApp en un rumor donde otros salen mal parados o reírnos de esa imagen poco favorecedora de un compañero de trabajo en la copa de Navidad. Desde luego esos comportamientos son desafortunados, y cualquiera de ellos nos convierte en frívolos, impertinentes y desconsiderados, pero no en violentos o acosadores..

Otro factor que han de tener en cuenta los padres y tutores es el que recuerda la experta Robin Kowalski en la plataforma de profesionales de psicología Psych Central: algunos ciberacosadores no actuarían de la misma forma si tuvieran que amenazar e insultar cara  a cara. Los motivos son múltiples: el anonimato digital les envalentona y la imposibilidad, muchas veces, de ver la reacción de sus víctimas en el momento de la agresión les hace más difícil entender el verdadero impacto de sus acciones. Hasta una persona con una empatía media puede pasarse de hiriente con mayor facilidad cuando le ‘habla’ a una cuenta de Twitter o Instagram. Lo mismo puede decirse de los testigos -otros usuarios- que celebran en ocasiones el desprecio como un golpe de humor maestro.

Muchos acosadores no actuarían igual cara a cara

Concienciar es la clave

Por todo ello, es muy positivo que surjan las iniciativas y proyectos que promuevan la concienciación y la empatía contra el acoso mediante el móvil o internet. Este es precisamente el objetivo de Por un uso Love de la Tecnología, una iniciativa con la que Orange quiere concienciar a niños, jóvenes y adultos sobre la necesidad de un uso seguro y responsable de las nuevas tecnologías y que en esta ocasión pone el foco en los ciberacosadores.

Precisamente en la web de esta iniciativa se destaca el proyecto alemán Medienhelden, uno de los programas contra el ciberacoso que ya ha funcionado en las escuelas.

Espiar a tus hijos por internet es el último recurso.

El programa Medienhelden ofrece a los estudiantes una artillería de definiciones que les permite identificar el acoso electrónico, las leyes que lo castigan y prohíben y el impacto preciso sobre las víctimas. Después se organizan juegos y discusiones con los compañeros de clase para debatir sobre el ciberacoso y sus consecuencias. Otro aspecto clave del programa es que anima a los alumnos a reaccionar ante los sentimientos de las víctimas y a ponerse en su lugar con vídeos, historias ficticias o noticias publicadas. Con este material se les induce a preguntarse cómo se sentirá la persona que sufre el daño ante cada situación. Todo ello con un solo objetivo: empatizar con la víctima y provocar el rechazo al ciberacoso.

Buena parte del método que sigue el proyecto Medienhelden puede ser aplicado por los padres, una vez que saben con certeza que su hijo ha acosado de forma continuada a otros mediante las nuevas tecnologías. También es deseable que, para hacerlo, cuenten con la complicidad y el apoyo del colegio y de algún asesor especializado en psicología infantil y adolescente. Las víctimas y sus familias deberían jugar, igualmente, un papel importante para reconducir el comportamiento del agresor y reparar el daño. Todas ellas son medidas que pueden hacer que los niños ciberacosadores no se transformen en adolescentes mucho más agresivos o en adultos violentos. Hay que evitar, en definitiva, que se conviertan en víctimas de sí mismos.

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Contenido de Content Factory para LOVE ORANGE. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.

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