?
PARADORES

El mejor destino para viajar en familia

Talleres, visitas teatralizadas, juegos, cuidadores e incluso conciertos. Paradores recibe el Premio de Turismo Familiar y se consolida como un destino family friendly ideal para disfrutar del invierno

Prado Campos

Compartir

¿Llevamos la cuna portátil o tendrán en el hotel? ¿Avisamos de las intolerancias de los niños o nos llevamos unos tuppers? ¿Habrá zona de juegos infantiles y actividades para que ellos disfruten y nosotros respiremos un rato? Quien tiene hijos sabe que viajar en familia requiere una logística especial y está claro que las escapadas y vacaciones en familia se disfrutan más si las planificamos pensando en todos. Los destinos family friendly, hoteles pensados para que padres y niños tengan al alcance de su mano todas las comodidades necesarias, son cada vez más demandados.

Las familias españolas realizaron una media de 3,6 viajes nacionales en 2019. Según datos de un estudio elaborado por la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN) junto a DNA Expertos en Turismo y Ocio, lo más valorado por los que viajan en familia es que los alojamientos estén adaptados para todos sus miembros (81,9%), el entorno (76,5%) y la seguridad (74,9%). Tres requisitos imprescindibles que cumple la red de Paradores, que acaba de recibir el Premio Turismo Familiar, concedido por la FEFN, a la “entidad que más ha apostado por el Sello de Turismo Familiar”. De hecho, 12 Paradores (Albacete, Argómaniz, Benicarló, Cervera de Pisuerga, La Palma, Mojácar, Santo Domingo de la Calzada, Sos del Rey Católico, Teruel, Tortosa, Trujillo y Vielha) cuentan con este sello que garantiza que cumplen con todas las necesidades de las familias que viajan con hijos desde habitaciones con camas supletorias o comunicadas, hasta cunas, tronas, espacios con cambiadores, menús infantiles adaptados a todo tipo de intolerancias y alergias alimentarias y, sobre todo, zonas de ocio y actividades infantiles, así como servicios de canguro y guardería.

En Paradores como el de Teruel, 40 de las 60 habitaciones están adaptadas para que pueda dormir toda la familia junta. De hecho, confirma su director, Joaquín Gutiérrez, en épocas como primavera y verano la afluencia de familias supone hasta el 70% de las reservas atraídos por un entorno único en plena naturaleza, la cercanía de la capital y del parque Dinópolis. “Estamos muy acostumbrados a trabajar con niños. Tenemos unos jardines con juegos al aire libre para niños, desde bolos tradicionales hasta polo o minigolf, además de instalaciones deportivas (pistas de tenis, piscina, parque infantil…) y, en momentos y celebraciones especiales, montamos castillos hinchables y tenemos animadoras. El entorno es lo que más le gusta a los niños porque favorece que tengan mayor libertad y, a su vez, permite a los padres disfrutar sin preocuparse”, relata. Además, están trabajando en especializar más su oferta y tematizar una zona del Parador para los peques de la casa.

“Lo que más demandan las familias es que puedan caber todos en la misma habitación”, confirma Juan Serrapio, director del Parador de Cuenca. “También es básico, y las familias lo agradecen, la confianza en la gastronomía. Nosotros tenemos nuestras cocinas y a nuestro personal formado en intolerancias, alergias y celiaquías, y eso les genera mucha confianza. Y, cada vez, lo que más nos piden es que les propongamos actividades”, añade. De enero a marzo este parador de la ciudad de la Casas Colgadas les ofrece el programa Inviernos en Familia, con planes que van desde talleres de cocina, cine en familia, visitas teatralizadas por la ciudad e incluso habrá un concierto tributo a The Beatles y una carrera solidaria familiar para subir al Cerro del Socorro. “No son actividades solo para niños sino para toda la familia. Queremos que disfruten juntos padres e hijos”, agrega Serrapio, quien confirma que los fines de semana de invierno más de la mitad de sus huéspedes son familias con niños.

Una niña disfrutando de la decoración navideña del Parador de Sigüenza, Guadalajara (Paradores)

En el Parador de Trujillo (Cáceres) es la amplitud de su espacio la que conquista a chicos y grandes. Este antiguo convento de clarisas del siglo XVI de la ciudad de Francisco Pizarro cuenta con hasta tres claustros que son, cuenta su director, Pepe Menguiano, un espacio de libertad para que los niños puedan jugar y correr sin preocupaciones. “El Parador de Trujillo es un punto de paso de los viajeros que van del norte al sur o que cruzan España camino de Portugal. Por eso, sabemos que nuestra labor es hacer más corto ese camino a las familias y ofrecerles espacios para disfrutar tras varias horas de viaje”, analiza. Por eso, destaca sus “habitaciones amplias para familias de uno o dos niños” e incluso algunas superiores con espacios divididos y hasta dos televisores para que toda la familia esté a gusto.

“Nosotros lo que hacemos con el cliente infantil es dejarle espacio y libertad para moverse. Es la mejor forma de que descubran y exploren el Parador y, a pesar de que tenemos una pequeña ludoteca, lo que más les gusta es darse una vuelta por este antiguo convento. El niño debe descubrir y sentir la experiencia de vivir en un espacio distinto”, analiza. De hecho, confiesa, el rincón de Bernadeta, quien fue madre superiora del convento que hoy ocupan, es uno de sus lugares favoritos donde conocen cómo vivían las monjas de clausura. Algo llamativo para los peques, sobre todo cuando saben que junto al Parador siguen viviendo seis monjas. Y, por supuesto, la ciudad, su castillo y su plaza. De hecho, organizan visitas para todos los públicos los sábados por la tarde.

``Organizamos actividades para toda la familia. Queremos que disfruten juntos padres e hijos``

“Son una de las grandes apuestas de Paradores porque los niños que tenemos ahora de clientes son los que sabemos que volverán. ¿Por qué? Porque hemos notado que cuando crecen buscan otra actividad o un turismo joven, pero cuando empiezan a tener hijos vuelven y saben que la garantía tanto en el control de alimentos, en espacios y en ubicación de Paradores es única, y es algo que hace que muchos padres estén volviendo. Son nuestro futuro”, reflexiona el director del Parador de Trujillo. Porque, en definitiva, el turismo familiar no es solo una forma de disfrutar en familia sino también una manera de educar a los peques de la casa y de ir aumentando el álbum de recuerdos familiares. O, como dijo Francis Bacon, “los viajes son en la juventud una parte de la educación y en la vejez, una parte de la experiencia”.

Un paseo por la historia

Otro de los grandes atractivos de la red de Paradores para las familias son sus edificios históricos. Castillos, fortalezas, antiguos palacios y conventos que respiran historia por cada una de sus piedras y que son la excusa perfecta para que los pequeños de la casa aprendan de nuestro pasado de una forma lúdica y sencilla.

Por eso, no es de extrañar que lo que más les guste a los niños del Parador de Cuenca, ubicado en un antiguo convento de hace casi cinco siglos con vistas a la Hoz del Huécar, sea su claustro acristalado. Ni que dos de las actividades estrellas sean la visita teatralizada por la ciudad y la búsqueda del tesoro dentro del Parador. “Tienen que buscar tesoros que están relacionados con la historia del convento y de la ciudad. En ambos casos siempre se pone el foco en dónde nos encontramos y en darle valor a esta ciudad Patrimonio de la Humanidad y al convento”, explica Juan Serrapio, director del Parador. Y agrega: “Tenemos una responsabilidad social que es la sensibilización con nuestro patrimonio y los niños son nuestro futuro. Por eso, todas las actividades están relacionadas con el patrimonio y orientadas a la ciudad”.

Compartir

Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Paradores. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.