Evolus

¿Qué es y qué no es el full face?

La dermatóloga Rosa del Río explica por qué el full face se ha convertido en la nueva forma de rejuvenecer el rostro: una técnica que busca recuperar la frescura y la armonía facial sin alterar la identidad de cada persona.

Laura Fortuño

Qué te gusta más que te digan: ‘qué joven estás’ o ‘qué buena cara tienes? La medicina estética actual tiene muy clara la respuesta: si antes el objetivo era borrar el paso del tiempo, ahora se trata de lucir un rostro más fresco, descansado, luminoso, y sobre todo, que siga siendo el tuyo. 

Lejos de los cambios demasiado notables, hoy en día la tendencia es mejorar sin alterar. En este nuevo contexto, el full face se presenta como uno de los tratamientos más buscados, porque trabaja el rostro de manera global, respetando sus rasgos y potenciando una versión totalmente natural. Así lo explica la doctora Rosa del Río, dermatóloga del Grupo Pedro Jaén y advocate de la marca californiana Evolus: «El objetivo es conseguir que el rostro se vea descansado, equilibrado y natural, sin que deje de parecer el suyo. Mejorar preservando la identidad del paciente». Es decir, la idea es que te vean buen aspecto sin que nadie note que has pasado por una consulta estética: «Hoy el mayor éxito no es que alguien note que te has hecho un tratamiento, sino que te diga que tienes buena cara, que te ve más descansada o fresca sin saber exactamente por qué», añade la especialista.

Trabajar el rostro desde una visión global

El full face apuesta por trabajar el rostro en su conjunto. Nada de cambiar rasgos ni de hacer ‘retoques’ aislados. Se trata de buscar equilibrio entre todas las partes del rostro. De esta forma, se mejora el equilibrio, la proporción y la belleza del rostro pero no se altera su identidad. 

¿El resultado? Una cara natural y coherente con cada persona. «Si solo corregimos el problema aislado sin tener en cuenta todo el proceso que lo está provocando, el resultado suele ser menos armónico y, en ocasiones, incluso artificial. Hoy preferimos identificar el origen del problema antes que perseguir cada arruga por separado», considera Rosa del Río, quien insiste en que tener menos arrugas no equivale a un mejor resultado.

Doctora Rosa del Río

Por eso, el primer paso es realizar un diagnóstico completo que permita entender qué estructuras han cambiado con el paso del tiempo y qué pequeñas correcciones pueden devolver al rostro su armonía sin que deje de parecer el de siempre. En palabras de la doctora: «Para conseguir un resultado armónico y natural es necesario entender cómo evoluciona cada estructura con el paso del tiempo, cómo lo hace en cada paciente concreto y cómo se relacionan unas con otras para recuperar el equilibrio facial. Muchas veces una pequeña corrección en el lugar adecuado mejora la armonía global sin necesidad de intervenir en otras zonas».

Los activos principales del full face

La medicina estética actual cuenta con materiales muy sofisticados para abordar la evolución de los tejidos. En este sentido, los ácidos hialurónicos de última generación ofrecen propiedades muy diversas en cuanto a elasticidad, capacidad de soporte, integración y comportamiento dinámico.

«Cada región facial soporta movimientos, presiones y funciones distintas, por lo que requiere materiales con propiedades específicas. Elegir el producto adecuado es tan importante como decidir dónde infiltrarlo. Esa capacidad de personalización es una de las grandes diferencias de la medicina estética actual», subraya la doctora.

En el full face lo que realmente marca la diferencia es colocar el material imprescindible en el plano correcto, porque un exceso de infiltración podría alterar las proporciones y borrar la identidad de cada persona. «Lo importante no es la cantidad, sino la estrategia. Un exceso de producto nunca aporta naturalidad; al contrario, puede alterar las proporciones y borrar la identidad del rostro», advierte Rosa del Río. 

Este escenario pone el foco en el papel del profesional médico como asesor: «La experiencia no consiste solo en saber infiltrar bien, sino también en reconocer cuándo un tratamiento no aportará beneficio o incluso puede empeorar el resultado. En medicina estética, decir 'no' muchas veces es la decisión más responsable», reconoce la doctora.

Para quienes temen un cambio artificial y desean mejorar sin que se note, la experta propone un proceso pautado y tranquilo: «Lo primero sería realizar un diagnóstico global del rostro para identificar qué cambios son realmente los que transmiten cansancio o envejecimiento. A partir de ahí diseñaríamos un plan personalizado, muchas veces con pequeñas correcciones progresivas, priorizando siempre la naturalidad. Cuando el tratamiento está bien indicado, la gente suele percibir que te encuentras mejor, no que te has hecho algo».