Es una de las estrellas más rentables y solicitadas de Hollywood. Pero no ha sido un camino fácil para él. Channing Tatum fue ‘stripper’ antes que actor; sufrió una severa dislexia cuando era un niño y vivió una época de drogas, sexo y excesos siendo un veinteañero. Ahora, mientras triunfa en la gran pantalla, disfruta del descanso del guerrero junto a la actriz Jenna Dewan. Esta es su historia.

Buscaban chicos guapos, jóvenes y, sobre todo, que supieran bailar. Channing Tatum tenía 19 años cuando escuchó aquel anuncio en la radio. Tenía mucho tiempo, pocos planes inmediatos y menos dinero. Se presentó con el pelo engominado, un bote de aceite corporal y un amigo en el Club Joy de Tampa (Florida).

No hubo entrevista. Ni si quiera casting. El dueño del club les empujó directamente al escenario. «‘Señoras, estos son nuestros novatos. Estamos pensando en contratarles. ¿Qué pensáis vosotras?’. Pusieron una canción y empezamos a bailar», ha explicado Tatum sobre su bautismo de sangre como 'stripper'. Tenía un apodo –Chan Crawford– y un disfraz asignado: el de 'boy scout'. Se desnudó sobre aquel escenario durante nueve meses. Justo después, empezaría su nueva vida.

Problemas desde la infancia
No es una historia convencional para una estrella de Hollywood. Pero Tatum nunca ha sido un tipo convencional. Ni si quiera cuando era un niño. Chan –así le han llamado siempre en casa– creció paseando con su caña de pescar entre las ciénagas del estado Mississippi. Era un niño sensible y lleno de imaginación, que tenía un amigo invisible al que siempre le guardaba un sitio en la mesa, pero que tampoco sabía estar quieto.

Su madre solía llamarle Chanimal, porque siempre estaba corriendo, jugando al fútbol, al beisbol o practicando artes marciales. El colegio, en cambio, era un reto diario para él. Leía despacio y con dificultad. Terminaron diagnosticándole dislexia y un trastorno por déficit de atención.

Para cuando llegó al instituto, Tatum tomaba un potente cóctel de fármacos para poder sacar adelante sus estudios. «Al principio, la medicación funcionó. Empecé a sacar sobresalientes. Pero me convertí en un zombi. Es como cualquier otra droga, como el cristal o la cocaína… Cuanto más tomas, menos funciona. Pasaba por periodos de depresión y de bajones horribles. Entiendo por qué algunos chavales se suicidan. Lo entiendo perfectamente. Te sientes fatal. Como si no tuvieras alma…», ha explicado de aquella época oscura.

Pese a todo, era el capitán del equipo de fútbol americano, el 'quarterback' y el terror de las 'cheerleaders'. Las chicas siempre habían sido su debilidad. Por ellas, había aprendido incluso a bailar. «Estaba harto de ser el tío alto, flaco y blanco que no sabía bailar y que no podía conseguir a ninguna de aquellas preciosas chicas latinas», ha explicado.

La familia se había mudado a Tampa, Florida, y su padre, un fanático del deporte, quería que su hijo cumpliera su propio sueño: conseguir una beca deportiva para ir a la universidad. Con mucho esfuerzo, consiguió una oferta de Wake Forest. Pero cuando decidió dejar la medicación que le ayudaba a rendir en el colegio, sus notas se desplomaron y la beca se esfumó. Terminó fichando por una universidad más modesta, situada en un pequeño pueblo de Virginia. Tatum duró allí seis meses. Volvió a Florida y se puso a trabajar. Vendió perfumes en unos grandes almacenes –de los que le despidieron por bailar en horas de trabajo– y fue peón de obra. Entonces, escuchó aquel anuncio en la radio.

Sorteando las drogas
«Vi cosas muy deprimentes y gente muy perdida. Pero, al mismo tiempo, el lado oscuro puede ser emocionante. Era como si estuviera engañando a la muerte cada noche», ha explicado sobre su época de stripper. Los excesos eran parte de la oficio. «No me perdí en las drogas, porque no las consumía habitualmente. Pero sí experimenté. Nunca probé el crack o la heroína. Nunca sufrí una sobredosis. Probé la cocaína un par de veces y, sobre todo, bebía. Pero no veía el alcohol como un problema, sigo sin verlo así… En aquel momento solo quería pasármelo bien».

Siempre le había gustado bailar, pero desnudarse le incomodaba. «Estás sobre el escenario y la gente grita. Te sientes como una estrella del rock, pero en realidad no eres nada. Solo un tipo con un disfraz estúpido desnudándose». No tardó en darse cuenta de que allí no tenía futuro y se trasladó a Miami. Quería buscar un trabajo normal.

Poco después de llegar, un hombre le paró por la calle y le contó una milonga. Tendría que ser modelo, le dijo. Ganaría mucho dinero. Si le acompañaba a su apartamento, le daría sus contactos, le enseñaría cómo hacerlo... Obviamente, quería acostarse con él. Tatum no picó el anzuelo, pero aquel desagradable encuentro despertó su curiosidad. Quizá podría ser modelo y ganar una fortuna posando ante la cámara. Al día siguiente, se presentó en una agencia de modelos. Antes de darse cuenta, estaba rodando un videoclip de Ricky Martin, protagonizando anuncios de Abercrombie, Dolce & Gabbana o Pepsi y posando para fotógrafos tan prestigiosos como Bruce Weber.

Un objetivo hecho realidad
No era simplemente guapo. Su atractivo ni si quiera residía en ese torso esculpido a cincel. Pero era intenso. Tenía un misterioso lado oscuro que algunos se atrevían a comparar con James Dean. Tatum ganaba dinero y vivía mejor que nunca en Nueva York, pero se aburrió rápido. Posar ante el objetivo no era un oficio con futuro a largo plazo, pensó. Se mudó a Los Ángeles. Quería ser actor.

Debutó con papeles modestos en películas como 'Entrenador Carter' o 'La guerra de los mundos'. En 2006 'Un paso adelante', fue su trampolín a la fama. Desde entonces, ha demostrado que puede protagonizar cintas de acción –'G.I. Joe' y su secuela–, comedias románticas –'Todos los días de mi vida' y 'Querido John'–, comedias a secas –'Infiltrados en clase' y su secuela– e, incluso, dramas –'Foxcatcher'–. 

En 2010, la revista 'Us Weekly' destapó su pasado como 'stripper'. Su agente y su publicista trataron de minimizar los daños colaterales. Tatum tuvo mejores reflejos que ellos. Aquella no era solo la parte más jugosa de su biografía, también podía ser el material perfecto para una película. 'Magic Mike' logró recaudar 167 millones de dólares en todo el mundo y le convirtió, definitivamente, en una estrella. También se hizo rico en el proceso. No solo era el protagonista, también se había estrenado como productor. Según 'Forbes', solo ese año el actor se embolsó 60 millones de dólares.

Un alcohólico cuerdo
Aunque su carrera ha sido una montaña rusa, su vida personal es estable, tranquila y hasta mundana: en su currículum no figuran escándalos, noches de juerga ni vicios de 'playboy'. Channing conoció a Jenna Dewan en 2006 durante el rodaje de 'Un paso adelante'.

Tenían varias cosas en común. Ella, una popular 'cheerleader' en sus tiempos del instituto, también había sido bailarina antes que actriz. Se casaron en Malibú tres años más tarde y en 2013 nació su primera hija, Everly Elizabeth. Desde entonces, es un animal doméstico con un solo vicio conocido. «Quizá bebo demasiado. Supongo que soy un alcohólico capaz de funcionar a alto rendimiento», confesaba a GQ para luego suavizar sus palabras en una entrevista posterior. 

Él es el hombre del momento, el actor que todos los directores quieren en su película, la estrella más ocupada y solicitada de Hollywood. No son frases hechas: su agenda no tiene un solo hueco. Es el protagonista de 'Foxcatcher', una de las cintas del año y aspirante a cinco Oscar, y será la estrella en las próximas cintas de los hermanos Coen –'Hail, Caesar!'–, los Wachowski –'Jupiter ascending'– y Tarantino –'The hateful eight'–.

Ha terminado de rodar la secuela de 'Magic Mike', tendrá su propia película de superhéroes –'Gambit'– y rodará una tercera parte de la comedia de acción 'Infiltrados en clase'. Por si esos fueron pocos compromisos, acaba de anunciar que el año que viene dirigirá su primer filme. No está mal para el niño disléxico con problemas para leer, que apenas duró un semestre en la universidad y que tuvo que bailar desnudo sobre un escenario para llegar a fin de mes. Nada mal.

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