Frank Sinatra y Ava Gardner: locura hasta el suicidio

  • Broncas violentas, disparos, infidelidades, dos abortos y dos intentos de suicido del actor y cantante. La reedición de una biografía de Sinatra con nuevas informaciones revela una historia de amor mucho más atormentada de lo que se suponía. 

L os comensales del Copacabana Club miraron sorprendidos el alboroto que se había organizado en la mesa que ocupaban Frank Sinatra y Ava Gardner, su tempestuosa amante. Ella le recriminaba estar flirteado con otra chica; él lo negaba con ira: "No sé cómo tu mujer ha podido aguantarte". Frank se abalanzó sobre ella. "Si la vuelves a mencionar te reviento la boca", le espetó mientras los separaban.

Ava devolvió el golpe con su mejor arma, los celos. Desde allí mismo llamó a su ex, el músico Artie Shaw, y le anunció que se pasaría por su piso. Después, dejó sobre la silla su libreta de direcciones abierta por la A de Artie para que Sinatra conociera sus intenciones. El ególatra e inseguro Frank se presentó en la dirección. Llamó a la puerta y le abrió el supuesto rival. Sentada, fumando, con una bebida en la mano y aire despreocupado, Ava le miró divertida. Él no dijo una palabra y se fue.

Cuando la actriz regresó a la habitación de hotel que compartían, Sinatra no estaba. Había alquilado la habitación de al lado, desde la que él  llamó en mitad de la noche. "No puedo soportarlo más. Me voy a matar. Ahora mismo".  

Sonaron dos disparos. Ava corrió desesperada. Lo encontró en el suelo. Aterrorizada, buscó las heridas. Entonces él abrió los ojos y ella reparó en los dos agujeros de bala que habían destrozado el colchón. "¡Maldito hijo de p***!". Minutos después hacían el amor con una pasión desbocada.

Relación tormentosa

El incidente serviría para ilustrar un manual psiquiátrico sobre relaciones destructivas. La suya duró cuatro años que destilaron tanta pasión como veneno, dentro de un guión dramático con dos abortos y dos intentos de suicidio, estos sí reales, del más frágil de los dos, Frank. Así lo relata el periodista J. Randy Taraborrelli, quien en 1997 escribió la biografía 'Frank Sinatra, Behind the Legend', que ahora reedita incluyendo estas y otras revelaciones obtenidas de amigos de la pareja.

Esta historia de obsesiones se inició con una portada de revista. Era mediados de los 40 y Ava aparecía en ella estremeciendo con una belleza provocadora. «¿Sabéis qué? Me casaré con esa chica», dijo a un amigo el italiano. El hecho de que estuviera casado con Nancy Barbato y que acabaran de tener a su segundo hijo no era obstáculo para los caprichos de una estrella en ciernes. Hubo un primer encuentro que no acabó en el dormitorio. Frank tuvo que esperar un año para que Ava decidiera averiguar de lo que él era capaz. «Fue mágico. Nos convertimos en amantes para siempre. Eternamente», recordaba la actriz años después.

Los inicios de 'affaire'

Nancy esperaba su tercer hijo cuando la prensa comenzó a airear el rumor. Ni Ava Gardner era la primera amante ni Nancy creía que fuera a ser la última. Suponía que, como en otros casos anteriores (Lana Turner, Marilyn Maxwell…), era cuestión de esperar hasta que el fuego se extinguiera. Se equivocaba. El día de San Valentín de 1950 él le pidió el divorcio.

La aventura se había convertido en un vínculo enfermizo para un Sinatra dispuesto a perderlo todo si a cambio tenía a Ava. Por entonces, la carrera de La Voz declinaba. Sus discos se compraban menos, no llenaba en los conciertos y la escasa taquilla de sus películas hizo que la Metro Goldwyn Mayer rescindiera su contrato. Abandonar a Nancy solo empeoró las cosas ante su público. 

"Frank se perdió en ella. Nunca percibí que Ava fuera capaz de querer de verdad. Y lo digo porque yo había salido con ella antes. Era tan fría como el acero", recordaba el actor Peter Lawford, íntimo de Sinatra. Testimonios como este, recogidos en el libro de Taraborrelli, hablan de un amor descompensado que hizo del ídolo un actor secundario en la vida de aquella mujer fatal, de la que llegó a depender más de lo que nadie imaginaba. El acuerdo de divorcio obligó a Sinatra, en pleno bache profesional, a pasar a Nancy y sus hijos una pensión de 2.750 dólares mensuales. Tuvo que pedir un préstamo de 19.000 dólares a Ava para hacer frente a los pagos.

Se sentía en sus manos. Una situación difícil de aceptar para su carácter soberbio, que estallaba con violencia en terribles peleas en las que Ava nunca aceptaba una derrota. "Si alguna vez me tratas como a Nancy, te mataré", le dijo una noche durante una de esas disputas. "No eres más que una puta", contestó él. Estaban pasando unas vacaciones en el lago Tahoe, haciendo planes de boda, y la actriz decidió abandonarle y regresar a Los Ángeles.

Allí recibió una llamada: Frank estaba en el hospital. Había intentado quitarse la vida con pastillas y alcohol. Los doctores pensaban que no lo superaría. Pero lo hizo, y cuando despertó Ava estaba a su lado. "Estoy segura de que ese ca**** contó las pastillas que se tragó -confesó la actriz a su ama de llaves-. Le tendría que haber dado una patada en el culo en ese instante, pero le perdoné en 25 segundos".

Pocas semanas más tarde, Sinatra volvió a intentarlo. Estaba en Nueva York, en el apartamento de un amigo. Tomó un puñado de pastillas y abrió las llaves del gas de la cocina. Su amigo lo encontró cuando había perdido la conciencia. Unos minutos más y hubiera muerto. "He visto en su mirada que Ava ya no me quiere". Fue su justificación.

Taraborrelli insinúa en la biografía que la actriz decidió casarse con él por miedo a su desesperación, aunque probablemente era consciente de que no había futuro para la pareja. Otra pelea el día antes de la boda adelantó el escenario de lo que sería su vida en común: una prostituta escribió a la actriz asegurándole que su futuro marido la visitaba con frecuencia desde hacía meses. La discusión terminó con el anillo de pedida, de esmeraldas y diamantes, saliendo por la ventana. Nunca se encontró.

La ceremonia se celebró en noviembre de 1951. Sinatra estaba exultante. Ava solo sonreía: "La boda no ha estado mal, pero he tenido que pagar por cada maldita cosa", le dijo a un amigo que la llamó a Cuba, donde solo el novio parecía disfrutar de la luna de miel: "¿Eres feliz?", le preguntó su amigo. "Digamos que no soy infeliz".

No sorprende que en esas circunstancias no quisiera tener hijos. Un año antes ya se había sometido a un aborto del que Sinatra nunca supo nada. Durante el rodaje de 'Mogambo', en África, descubrió que volvía a estar embarazada. Frank la había acompañado. No tenía nada más que hacer que intentar convertirse en un marido solícito, entregado. Más aún cuando conoció la noticia: iban a formar una familia. Podrían ser una pareja normal. Estaba entusiasmado. Ava, sin embargo, ya había decidido no tener el bebé.

Justo en esos días, Sinatra recibió una llamada de su representante. La Columbia quería hacerle una prueba para un papel en la película 'De aquí a la eternidad'. Fue Ava quien se lo consiguió rogando a los productores para que le dieran una oportunidad. Él voló de regreso a Estados Unidos y ella tomó un vuelo a Londres, donde abortó. Después se lo dijo a Frank. Seguramente ambos supieron que ese era el final de una historia imposible que continuó unos meses más. Al menos, Sinatra ahora podía refugiarse en su carrera. De aquí a la eternidad le hizo ganar su único Oscar, al mejor actor secundario, y le colocó de nuevo en la cima de las listas musicales de éxitos. Volvía a ser La Voz… y Ava volvía a volar sola.

Los rumores de un nuevo lío de faldas con una corista fue la última excusa para que la actriz pidiera el divorcio (1953). Estaba cansada de aquel amor infernal. De hecho, estaba cansada de todo su mundo, por eso se instaló en España, el país que la había fascinado durante las semanas que pasó entre la Costa Brava y Sevilla rodando en 1950 'Pandora y el Holandés Errante'.

La aventura de una noche con Mario Cabré, anunciada por el indiscreto torero, provocó que Sinatra se presentara en Barcelona. Aquella había sido una de tantas. Ahora Ava iniciaba en Madrid otra vida entre dry matinis en Chicote y Pasapoga, y las fiestas en su suite del Hotel Castellana Hilton. "En España me siento cómoda y feliz y ni por un minuto me considero extranjera", declaraba.

El fin de un amor de película

Tras cuatro meses oficialmente separados, Sinatra no pudo tolerar la idea de una ausencia definitiva y tomó un avión a Madrid. Ava le dijo en su suite que había iniciado una relación con Luis Miguel Dominguín. Él reaccionó como un loco, destrozando el mobiliario y lanzándole a la cara un fajo de billetes de 100 dólares: «Aquí tienes los 19.000 que me dejaste». No se volvieron a ver, pero los recuerdos los mantuvo unidos siempre. Cuando Ava murió en un hospital de Londres (en 1990), en su mesilla reposaba una foto de ambos besándose. Al enterarse Frank, lloró desconsoladamente.

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