“Me gustan mucho los hombres”, escribe Joan Collins dejando claro lo que a estas alturas ya era obvio. Después de cinco matrimonios, cuatro divorcios y un puñado de sonados romances, Joan Collins sabe de lo que habla. Y ahora comparte esa sabiduría en su último libro, ‘El mundo según Joan’, donde pone en su sitio a sus cuatro exmaridos, mientras da consejos de estilismo, opina sobre inmigración o política y recuerda con cierta angustia una infancia en la que sus padres jamás le dijeron que la querían. 

Porque antes de ser una estrella, Joan Collins fue una niña de la guerra. Nacida el 23 de mayo de 1933 en Londres, pasó muchas noches en los refugios antiaéreos del metro durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Cuando la guerra terminó, su familia se trasladó al campo. Allí, Joan y su hermana, Jackie, leían revistas de cine y fantaseaban con el lejano Hollywood. Era su válvula de escape a la férrea disciplina de su madre, una profesora de baile llamada Elsa, y su padre, Joseph, un agente artístico que terminaría representado a los Beatles o Tom Jones. 

Cuando Joan vio 'El mago de Oz' por primera vez, se quedó hipnotizada. Acababa de descubrir lo que quería ser de mayor. Con nueve años, Collins debutó en el teatro y siendo una adolescente ingresó en la Real Academia de Arte Dramático de Londres. Su talento y su belleza no pasaron desapercibidos.

Firmó un contrato con 17 años y empezó a rodar películas. Entonces, cometió el primer gran error de su vida. “Me casé como una tonta con el actor Maxwell Reed cuando tenía 18 años. ¡Qué gran error!”, recuerda en su libro. Aunque tenía 14 años más que ella, era el actor favorito de Collins, cuya habitación estaba empapelada con sus fotos. “Además, perdí la virginidad con él… En realidad, me violó en nuestra primera cita. Me sentí tan culpable que acepté casarme con él pocos meses después”, explica.

El arrepentimiento

La víspera de la boda, Joan les suplicó a sus padres que cancelaran la ceremonia, pero ya era tarde. El encanto del galán duró poco. “Era alto, guapo y tenía el cabello oscuro. Pero un mes después de casarnos, me ordenó que le tiñera el pelo y las cejas. Además, ¡llevaba alzas y utilizaba máscara de pestañas!”, recuerda.

Aunque era posesivo y celoso, Reed sucumbió a la tentación del dinero fácil y quiso compartir a su mujer con otro hombre a cambio de una pequeña fortuna. “Un hombre de aspecto árabe que estaba sentado en la mesa de al lado no dejaba de desnudarme con la mirada. Cuando volví del baño, Max estaba hablando con él. Se dio la vuelta y me susurró: ‘Quiere pasar la noche contigo. ¡Nos pagará 10.000 libras! ¡Y me dejará mirar!’. Rompí a llorar y me fui a casa de mis padres”.

Su primer divorcio fue oficial en 1956. Para entonces, Joan había cambiado Inglaterra por Hollywood, donde Fox la contrató como respuesta al fichaje de Elizabeth Taylor por Metro-Goldwyn-Mayer. Mientras ejercía de 'sex symbol' y compartía pantalla con las grandes estrellas de la época, como Richard Burton, Bette Davis, Paul Newman o James Stewart, Joan disfrutaba de la soltería. 

Vivió romances con Dennis Hopper, Ryan O’Neal, Harry Belafonte o el productor Arthur Loew y aprendió un par de lecciones sobre el amor. “No le recomiendo a nadie tener una aventura con un hombre casado. Da igual las veces que te diga que te quiere y que dejará a su mujer y a sus hijos por ti, porque jamás lo hará”, escribe en su libro sobre su affaire con George Englund, marido de la actriz Cloris Leachman.

Trató de dejarle muchas veces, pero era “tan encantador y sofisticado” que siempre volvía a sus brazos. Un día, Cloris les pilló en el apartamento de la actriz. Joan abrió la puerta y mintió como pudo. “Sé que está aquí, zorra”, le gritó Cloris antes de irse. “No puedo seguir así. Tengo 25 años y quiero tener una vida”, le dijo Joan a su amante. Él le prometió dársela, pero no lo hizo. Jamás volvió a acercarse a un hombre casado.

El irresistible Warren Beatty

Aunque rechazó a galanes como Frank Sinatra, no pudo resistirse a los encantos de Warren Beatty, cuatro años más joven que ella y aún un playboy en ciernes. “No puedo aguantar su ritmo. Nunca para, tienen que ser esas vitaminas que toma...” dijo sobre el vigor sexual del actor. 

Cuando solo llevaban unos meses juntos, Joan se quedó embarazada. Ella quería tener al niño; él, según la versión de la propia Collins, temía que arruinara su carrera y la convenció para que abortara. Aunque llegaron a hacer planes de boda, las infidelidades de Beatty, con Natalie Wood y Vivien Leigh, terminaron con su relación. Cuando le preguntaron, años más tarde, si realmente hacían el amor siete veces al día, Collins contestó: “Quizá él sí. Yo, simplemente, estaba ahí, tumbada”. 

Dos matrimonios más

“Mi segundo y tercer matrimonio fueron relativamente felices al principio y me dieron a mis tres maravillosos hijos”, resume aséptica Collins. Al cantante Anthony Newley le conoció en el backstage de uno de sus musicales. “Me casé con él porque tenía 27 años y quería tener hijos. Pensé que sería un buen marido a pesar de que me había avisado que no creía que pudiera serme fiel. Qué tonta fui al no creerle”, escribe sobre el padre de sus hijos Tara y Sacha.

Dos años después del divorcio, volvió a casarse con Ron Kass, quien había sido presidente de Apple Records. Tuvieron una hija juntos, Katy, pero mientras la carrera de Collins languidecía protagonizando películas de serie B, el consumo de drogas de Kass se convirtió en un problema. El matrimonio se rompió cuando la hija de ambos, Katy, tuvo un grave accidente de tráfico y estuvo un mes en coma.

Cuando Collins le dio la noticia a su marido, este se dio media vuelta en la cama y volvió a dormirse. Aunque se divorciaron en 1983, siguieron estando unidos hasta la muerte de Kass, tres años después. Pero la actriz no tardó en tropezar con la misma piedra. «Cometí el segundo mayor error de mi vida», resume. El error se llamaba Peter Holm, un cantante pop sueco «guapo, pero muy aburrido».

Se casaron en 1987 en Las Vegas, en pleno auge de Dinastía, la serie que le devolvió la fama. «Fue increíblemente estúpido por mi parte, especialmente porque toda mi familia le odiaba. Pero, de alguna manera, me convenció». También logró persuadirla de que despidiera a sus managers.

Divorcio y nuevo amor

Y mientras ella pasaba 12 horas rodando, él le era infiel y vivía a su costa. Pronto le anunció que quería el divorcio. Él le advirtió de lo que pasaría. «Serás el hazmerreír de todos si te divorcias después de menos de un año, teniendo en cuenta que este es tu cuarto matrimonio. La gente pensará que estás loca».

En agosto de 1987, Collins volvía a ser una mujer soltera. La prensa, como Holm había vaticinado, se ensañó con ella. Collins lo zanjó con una frase lapidaria. «Nunca he conocido un hombre que quisiera cuidar de mí. No necesito un marido. Creo que lo que necesito es una mujer». Se había dado por vencida. Y se dedicó a escribir. Los libros de la actriz han vendido más de 50 millones de copias en todo el mundo.

Y cuando ya había perdido la esperanza, Percy Gibson entró en su vida. Collins, que abandonó Los Ángeles para instalarse de nuevo en Londres, conoció al mánager teatral en 2001. Era 32 años más joven que ella, pero eso no la detuvo. Se casaron el 17 de febrero de 2002.

«Es amable, galante y se preocupa por mí y por mi familia. He besado muchas ranas hasta que he encontrado a mi príncipe. Él es mi compañero y el mejor hombre que he conocido jamás», escribe Collins sobre su marido. ¿Moraleja? «Los hombres son como los autobuses. Si esperas el tiempo suficiente, el hombre perfecto llegará».