Los medios occidentales ya la llaman la Carla Bruni china. ¿Seguro? no demasiado. A no ser que imaginemos a la actual mujer de Sarkozy luciendo los galones de generala sobre un escenario y cantando que el partido de su marido salvará a la patria. Y aún hay más. descubran a la cantante que pronto se convertirá en primera dama.

Los expertos dicen que el futuro de China está escrito. Xi Jinping, hasta ahora vicepresidente, se ha hecho con el poder dentro del partido y en 2013 se convertirá en el jefe de Estado. A su lado, y a diferencia de lo que ocurre desde los tiempos de Mao, no habrá una mujer desconocida para el pueblo. Más bien todo lo contrario.

Desde hace 25 años, Xi Jinping está casado con Peng Linyuan, una de las mujeres más populares de China gracias a su voz prodigiosa y a que representa todos los valores que las autoridades quieren transmitir. Tanto es así que durante años corrió un chiste al respecto. ¿Quien es Xi Jinping?, preguntaban. Y la respuesta era siempre la misma: el marido de Peng Liyuan. Pero en 2007, cuando el político inició su ascenso dentro del partido comunista, la cosa se convirtió en una cuestión de Estado. ¿Cuál fue la solución? El matrimonio dejó de aparecer junto en público.

Aunque este no ha sido el único cambio. La cantante, que entró a formar parte del Ejército Popular de Liberación a los 18 años y que ostenta el cargo de generala, ha dejado atrás sus exóticos estilismos para sentirse más cómoda sobre el escenario con el uniforme verde.

Los inicios de la relación

La pareja se conoció a mediados de los 80 cuando les presentó un amigo. Él estaba divorciado de la hija de un diplomático, dicen que porque ella quería irse a estudiar al extranjero y eso podía perjudicar la carrera política de Xi. Él había nacido en un entorno privilegiado, aunque pronto se torció su destino. Su padre hizo la revolución con Mao y llegó a ocupar un puesto en el gobierno.

Pero entonces llegó esa otra revolución, la cultural, y cualquiera se convirtió en sospechoso. El padre de Xi primero fue destinado a trabajar en una fábrica y luego, encarcelado. Mientras, su hijo se vio obligado a abandonar sus estudios y fue castigado a una de las regiones más pobres de China, donde vivió en una cueva.

Peng Liyuan, en cambio, procede de un entorno humilde. A sus padres nunca les gustó Xi Jinping porque le veían como un representante de la élite del partido. Tampoco la primera impresión de la futura esposa fue muy positiva. Le describió como «rudo y viejo». Pero según transcurrió el tiempo y él se interesó por su forma de cantar, Peng comprendió que el próximo presidente chino era «muy inteligente, aunque poco sofisticado». Ambas opiniones contrastan con la de Xi. Él lo vio claro desde el principio. A los 40 minutos de conocerla supo que se iba a casar con ella. 

¿Quién dijo crisis?

Lo que resulta imposible saber es lo que sucedió después o la situación actual del matrimonio. La pareja ha tenido que pasar largas temporadas separados. Según algunos, por sus compromisos profesionales. Pero según los rumores de otros, llegó a producirse una ruptura o, al menos, una crisis. Con el secretismo que impera en China, resulta imposible averiguar la verdad. Sí existen declaraciones antiguas en las que ella asegura: «Si mi matrimonio no fuera feliz, me resultaría imposible ofrecer una imagen brillante al público». O: «Cuando él llega a casa, nunca pienso que sea un líder. Para mí es solo mi marido. Y cuando yo llego a casa, él tampoco me ve como una estrella. Soy simplemente su mujer».

Quizá resulte más creíble la anécdota que cuenta un periodista extranjero que fue a entrevistar a Xi y que se quedó sorprendido por el entusiasmo que puso al enseñarle una foto de Peng. Esa misma opacidad hace que apenas conozcamos escándalos de la pareja. Sí que hay, al menos, dos cosas que no han sentado bien en determinados sectores. Una es que hayan mandado a su única hija, Xi Mingze, a estudiar a Harvard con nombre falso. Un detalle poco patriótico. Tampoco pareció oportuno que se le concediera a Peng un premio oficial dotado con un millón de yuanes (unos 120.000 euros).

La gran pregunta ahora es qué pasará cuando Xi alcance la presidencia. La teoría más extendida es que el régimen chino intentará sacar el máximo partido posible de la popularidad de la cantante. La aspirante, según esta versión, ya habría dado unos pasos para hacer real la estrategia, como cuando en 2011 se convirtió en embajadora de la OMS en la lucha contra el Sida y la tuberculosis. Incluso a algunos se le ha quedado corta la comparación con Sarkozy y Carla Bruni. Viendo al matrimonio, se les ha ocurrido, nada más y nada menos, que podrían competir en glamour con los Kennedy.

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