Doña Letizia nunca ha querido dar a la ropa más importancia de la que tiene. Su objetivo ha sido ir 'correcta', pero nunca ha pretendido ser la más elegante ni la más 'chic'. No obstante, sin habérselo propuesto, ha acabado convertida en una referencia de la moda, a su pesar, pues ello transmite una falsa imagen de frivolidad que no se ajusta a su personalidad. Ella trata de contrarrestar esa imagen a base de repeticiones y ropa sencilla y neutra.


Nunca ha tenido asesor de imagen

A doña Letizia le ha costado encontrar un estilo que compatibilizara su aire moderno y juvenil con la imagen que se espera de una Princesa. No tiene ni ha tenido nunca asesor de imagen ni ha recibido más directrices que las que puede facilitar Protocolo en cuanto a la etiqueta recomendada para un determinado acto –vestido corto, largo, gala o gran gala, con o sin condecoraciones–.

Viste siempre moda española por convicción personal y como apoyo a este sector. Siguiendo el consejo de la Reina, eligió a un modista de cabecera, Felipe Varela, que le diseña la mayor parte de sus modelos, lo que simplifica la toma de medidas y las pruebas. No obstante, ha abierto su vestidor a numerosas marcas españolas. Desde que estalló la crisis, luce con frecuencia marcas populares como Mango o Zara, que también han incorporado después otras princesas europeas. Mención aparte merecen sus zapatos, la mayoría de la marca alicantina Magrit,calzado de calidad. Este le resulta muy cómodo, a pesar de los altos tacones que suele llevar y de las horas que pasa de pie en los actos institucionales. También utiliza, en algunas ocasiones, bailarinas, igualmente españolas, de Pretty Ballerinas.

Nunca ha tenido reparos a la hora de repetir modelo ni de reciclarlos.
Durante años, ha estado asistiendo con los mismos vestidos a las celebraciones de la Pascua Militar y a la recepción del cuerpo diplomático acreditado en España. Su primera prueba de fuego en la pasarela internacional fue la boda de Federico y Mary de Dinamarca, donde impresionó a la opinión pública con un espectacular vestido rojo, de Lorenzo Caprile. Su segunda prueba fue el supuesto ‘duelo de elegancia’ con la esposa de Nicolas Sarkozy, Carla Bruni. Doña Letizia dejó claro que no entraba en competiciones con la primera dama y escogió para la cena de gala un antiguo vestido reciclado y poco favorecedor. La elegancia del gesto eclipsó todo lo demás.