Esta vez, el benjamín de la familia real belga la ha liado pero bien. Tanto que puede quedarse sin su asignación anual de 310.000 euros. Y todo por un inocente viaje a la República Democrática del Congo, que Lorenzo realizó hace unas semanas desoyendo las recomendaciones de su padre, el rey Alberto, y el primer ministro, que se pusieron tiquismiquis con el tema porque no querían interferir en las elecciones que iban a celebrarse en la antigua colonia belga.

Pero no es solo lo inoportuno del viaje lo que tiene escandalizado a su país, sino también los detalles: el presidente, Joseph Kabila, pagó la factura del lujoso hotel en el que se hospedó el séquito real y el vuelo tampoco fue de bajo coste. Viajó en el jet privado de su amigo, el millonario Georges Forest, con quien visitó una refinería petrolífera y algunos de sus proyectos mineros, actividades un tanto impropias si el programa del viaje era fomentar las energías renovables.

Total, que el rey Alberto, harto de la conducta de su hijo menor, ha dado luz verde al gobierno para que apruebe un código de conducta para la familia real, que incluye la obligación de consultar antes de cualquier viaje. Eso y la amenaza de quitarle su sueldo público: «El príncipe debe ser consciente del necesario equilibrio entre sus derechos y sus obligaciones. A la luz de ese equilibrio, hay que plantear la cuestión de la dotación. No tengo dudas de que el príncipe elegirá claramente», ha dicho el primer ministro en funciones, Yves Leterme.