La ‘jet set’ vuelve a unirse en el mítico Marbella Club convocados por Pablo Hohenlohe, sobrino del príncipe Alfonso, fundador del hotel.


Hotel Marbella Club. Dos de la tarde de un día de abril que parece agosto. Una legión de Mercedes y algún que otro Ferrari aparcan en el camino que llega a la villa del Mar. Ese lugar ha visto pasear a lo más granado de la high society, desde que en 1956 Alfonso de Hohenlohe decidiera crear el hotel. Otro Hohenlohe esperaba a sus invitados esta semana. Era Pablo, sobrino de Alfonso, que ha mantenido vinculación familiar con Marbella. Él forma parte de esa segunda generación de integrantes de la jet set que ha recogido el testigo de quienes compartieron noches con Deborah Kerr, primera visitante ilustre.

Pablo de Hohelohe, tras la estela de su tío
El sobrino de Alfonso encabezaba una iniciativa peculiar: los Spring Games. En ellos, 24 personas compiten en cinco pruebas deportivas distintas –esquí alpino, esquí acuático, automovilismo, pádel y golf–. El importe de las inscripciones tiene un fin solidario: la Fundación Deporte y Desafío, dedicada a fomentar el acceso al deporte de personas con minusvalías.

A la entrega de premios acudió Manolo Santana, separado de Otis desde hace ya casi tres años. También estuvo ella, que comentó en petit comité que era el segundo encuentro en una semana después de casi un año sin verle. El saludo fue cortés, aunque eso no quite lo valiente y haya que añadir que quizá un tanto tirante. Mucho más relajada llegó Beatriz de Orleans con su hijo y dos de sus nietos, con los que ejerció de orgullosa abuela. Gunilla Von Bismarck y Luis Ortiz tampoco fallaron. Con ellos estuvo su hijo Francisco, que no se separó de su mujer, Elisabeth Dutú, con quien se casó en Suiza en noviembre de 2010.

Gunilla recordaba la época más lustrosa de la ciudad y aseguraba que para volver a aquellos tiempos hacía falta quien invirtiera y se quedara, aunque fuera en verano como ha hecho ella durante años. Todo este tiempo ha logrado que su nombre vaya inexorablemente unido a la época dorada de una ciudad que ahora no deslumbra, pero vuelve poco a poco a renacer.